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Reportaje: El estacionamiento IBERO

El estacionamiento de la Ibero no es sólo un espacio para que los pachecos se escondan de los vigilantes, los novios de las miradas curiosas y los mirreyes presuman sus coches. Es un lugar problemático, lleno, de entradas y salidas que funciona como una metáfora de casi todo. Entre Ladrillos presenta este especial sobre el estacionamiento y la movilidad en la ibero. 

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Generalidades del problema estacionamiento Ibero.

Ricardo López Cordero

En la Ibero de Santa Fe le decimos alberca al estacionamiento institucionalmente
bautizado como E8 porque es susceptible a encharcarse. Junto a este pequeño valle de concreto decenas de albañiles que llevan cascos azules mueven materiales de un lado a otro y operan grandes máquinas de construcción. Comenzaron durante las vacaciones de verano y trabajan todos los días para levantar más niveles sobre el E7, pues es patente desde hace semestres que no hay suficiente espacio para los coches que llegan.

La obra para aumentar los cajones de estacionamiento es la medida más visible para resolver el problema que representa la gran afluencia de coches, pero de ninguna manera es la única. En los primeros días del semestre la Dirección de Operaciones y Servicios envió un mensaje institucional a todos los profesores de asignatura, informando que: “Para que la universidad pueda ofrecer un servicio adecuado […] los empleados están usando el estacionamiento del centro comercial Garden Santa Fe”.

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La mayoría de los alumnos no sabe que empleados y profesores ya no se estacionan dentro de la Ibero, pero siguen pensando que hay problemas. “La peor hora para encontrar lugar es para clase de 11”, dice Andrea, de Ciencias Políticas, “Hay tráfico hasta para salir a las 10 de la noche”. De acuerdo con información oficial, actualmente el campus Santa Fe de la Ibero tiene 4319 lugares de estacionamiento. Todos operados por la empresa privada Operadora Central de Estacionamientos que cobra 44 pesos diarios a cada alumno que se estacione dentro de su universidad. Si el usuario es visitante, el cobro sube a 65 pesos por día. Suponiendo que cada lugar fuera usado sólo por un alumno durante un día completo, Central gana 190 mil pesos diarios. Algo así como un semestre promedio de colegiaturas.

Otra apuesta de la universidad para resolver el problema en el estacionamiento es el Iberobús, transporte oficial que comenzó a circular desde que la Ibero se mudó a Santa Fe en 1988. Según su sitio web oficial el Iberobús tiene 95 unidades que recorren 13 rutas en la CDMX y el Estado de México. El costo depende del trayecto: llegar a Lindavista cuesta 36 pesos y a Toluca, 58. De acuerdo con Servicios Escolares, en la Ibero Santa Fe trabajan 608 empleados administrativos, dictan clase 308 profesores de tiempo y 1749 de asignatura. Además de los 11 mil 77 alumnos, de los que 2 mil 507 comenzaron la carrera en agosto. “La solución no es construir más estacionamiento, ni ofrecer más lugares sino crear políticas que inhiban el uso del coche”, afirmó un profesor de asignatura quien pidió permanecer anónimo.

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Vivir en el Noroeste de la CDMX y llegar a clase de 11:00 A.M en La Ibero.

María Inés Oñate

¿Qué significa vivir en el Condado de Sayavedra y tener que llegar a tiempo a clase de 11:00 AM en La Ibero? Entre Ladrillos se puso a investigar.


 

Del Iberobús, a la perdición.

Regina Barberena

No sé si es por la música de banda, por el ringtone de los Ángeles Azules del chofer o por las múltiples siestas que los alumnos tomamos, pero el Iberobús tiene algo particular. Con 39 pesos por viaje, la ruta de Galerías Atizapán toma desde cuarenta minutos hasta una hora para llegar a la Universidad Iberoamericana. Es esa donde mis amigos dicen que “necesitan visa para llegar”.

Los estudiantes de arquitectura ocupan al menos dos asientos cuando traen una maqueta, mientras hay quienes buscan un espacio libre para solo encontrarse con las piernas estiradas de alguien indispuesto a compartir su lugar. Esta mañana me senté atrás de alguien que no quiso cerrar la ventana, dejándome la nariz y las mejillas como un muñeco de nieve. El mismo caso se repitió en la noche.

Entre los cuatro mil 319 cajones de estacionamiento, están los simples mortales (estudiantes y profesores) que dependen de alguna de las 95 unidades que recorren las 13 rutas entre la CDMX y Estado de México del Iberobús. El estacionamiento en construcción (aka, la alberca) aún no entra en operación y, por lo tanto, el congestionamiento de coches va en aumento. Bien podrían sacarle provecho a estos peculiares autobuses amarillos, que aunque no sean un lujoso asiento trasero de algún Porsche, te ahorra gasolina, tiempo y horas de sueño.

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“No, pues la verdad sí me asusté, pero porque tú estabas asustada. Pero cuando llegaron por nosotros ya te tranquilizaste”. Dicen que la rutina es otra forma de morir, pero en mi caso, fue otra forma de perder la parada del transporte. Metódicamente, uno camina hacia la puerta 8 para subirse al camión, pero terminar en un King’s Pub a las 11pm tras bajarse en el autobús con ruta a Metro Zapata no fue un plan arreglado. Mi amigo Mike y yo nos equivocamos de camión, algo a lo que también pongo en culpa de nuestra distracción.

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Hubo una noche en que quedamos atorados dos horas en medio de la Chamapa-Lechería. Con los motores del resto de los coches y el cielo apagándose poco a poco, una comitiva de estudiantes nos dispusimos a bajar del camión y caminar hacia la caseta de Lomas Verdes. “Pero si se bajan por favor bajo su propio riesgo, si”, nos dijo el chofer. 20 minutos después y sin pila en los celulares, los iberianos finalmente consiguieron un ride para recoger sus coches en Galerías Atizapán y regresar a casa. “El tráfico se puso peor que cuando el camión chocó con un camión depuercos”, recordó mi amigo Mauricio.

Según el anuario 2012 de la SCT de autopistas de cuota con mayor aforo vehicular, la Chamapa-Lechería es de las más transitadas, con alrededor casi 47 mil coches, autobuses y camiones utilizándolo. Las probabilidades de que ocurra un accidente son altas, un factor por el que siempre llego “con el Jesús en la boca” por saber si llegaré a tiempo a clases o no. Todo puede pasar.

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Y si se te olvidan los audífonos es de lo peor, y si alguien abre una lata de atún también; y cuando te sientas hasta atrás sabes que parecerás resorte de trampolín, y cuando el chofer te pregunta “¿a dónde vamos?” sientes que ya valió.Finalmente es el medio que seis de cada 10 estudiantes en la Ibero utilizan. Y quienes no comprendan lo que equivale viajar en Iberobús, dirán “qué hueva güey, mejor tráete coche”. (Como si tuviéramos ganas de gastar 92 pesos diarios en la caseta, más los 500 de gasolina). No gracias, güey.

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Foto: ibero.mx

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