La epidemia de fin de semestre

Por Diana Orobio y María Inés Oñate

Roberta se despertó hoy en la mañana después de haber dormido dos horas. Esto no es algo extraño, lleva durmiendo entre dos y cuatro horas las últimas tres semanas. Su inmunidad a la cafeína, su irritabilidad por falta de sueño, y los dolores de trapecio ya se convirtieron en lo habitual. Roberta, al igual que otros 11 mil 77 alumnos de La Ibero, tiene sintomatología de fin de semestre.

Entre la última semana de noviembre y las primeras dos semanas de diciembre se vive un estrés generalizado en los campuses a nivel internacional. Cualquier nivel de prevención o anticipación, no disipa o aminora los altos niveles de tensión impuestos por entregas finales, exámenes departamentales o evaluaciones orales. Sin embargo, este semestre se diferenció de pasados. Alumnos de la Universidad Iberoamericana–de distintas carreras y semestres–reportan índices más altos de angustia.

Fernanda García, estudiante de sexto semestre de Derecho cuenta, “no sé qué pasó ahora, este fin de semestre no se compara con los anteriores. Este estuvo infinitamente peor”. Giselle Rodríguez, de Mercadotecnia, coincide y ofrece como teoría la presencia del sismo que sacudió no sólo al país sino que también a los planes de estudio que habían propuesto los docentes al iniciar el periodo de otoño 2017. “Después del sismo, nada fue igual. Mi maestro perdió el hilo del curso, se nos juntaron trabajos y todo se revolvió. Esa semana y media que faltamos es la culpable de que ahorita me esté muriendo”, aclara Jorge Esteve de Economía.
Roberta llegó hoy a su clase de Contratos y su maestro le dio la opción de no hacer el examen final con la condición de que se quedara con la calificación de 8 de su segundo parcial.  Roberta, viendo esto como la oportunidad perfecta de eliminar unas seis horas de su agenda de estudio, aceptó. Su maestro le ofreció un, “estoy muy decepcionado de ti”. Roberta lo persiguió por La Ibero todo el día. Hasta se quedó esperándolo dos horas en API, todo por el miedo de que la “decepción” de su profesor desembocará en una calificación no aprobatoria.

Global Printing, la empresa reina de las impresiones en La Ibero que se beneficia del estrés de los alumnos, reporta tener un incremento de 60% en trabajo, así como en papel y tinta. “Este semestre la gente tiene que imprimir mucho más”, reporta Gabriela quien trabaja en el módulo del edificio B.  Las pilas de papel que terminarán en algún basurero o archivero abandonado llegado el 9 de diciembre, se vuelven el estandarte de un semestre con una carga de trabajo sin precedentes.

Roberta, quien tiene una aplicación en su celular con cuenta regresiva de aquí hasta las 10 de la noche el jueves 8 de diciembre–momento en el que le entregan su última calificación–proclama: “yo no se si fue el sismo, que metí maestros perrísimos o que cada vez soy menos inmune al estrés, pero lo que si sé es que ya necesita acabar este maldito semestre”.

Así, el periodo de otoño 2017 cierra como otros, pero a su manera. Sí, con dolores de cuello, ensayos interminables y enfrentándonos con la ira de maestros exigentes. Pero a la vez, cierra con todo y los tropiezos y contratiempos de la presencia de una tragedia nacional y una aparente epidemia de estrés (que los alumnos citan como peor que la de los años pasados).