CDMX Opinión

El fenómeno de las Ladies, Lords y los Supercívicos

Los protagonistas de las denuncias ciudadanas en México tienen nuevos nombres: Ladies y Lords. Es parte de un fenómeno global en el que la exhibición a través de redes sociales se ha convertido en la manera de denunciar actos no-cívicos, violentos, ilegales, racistas u homofóbicos, discriminatorios, etcétera.

Particularmente, se observa una tendencia en el que los “personajes” que aparecen en estas denuncias audiovisuales piensan que saldrán impunes. Algo dice eso del estado actual de las políticas y procesos judiciales de nuestro país, con uno de los famosos Lords expresando: “Es México, güey”. U otra mujer declarando que ella es servidora pública en un intento de defenderse con su supuesta autoridad, o diciendo que el sujeto que denuncia la tocó.

El factor común, que es quizá aquel que provocó su bautizo con los títulos nobiliarios de la realeza, parece ser la prepotencia que demuestran los responsables de los actos asociada a los prejuicios de clase que permean a nuestro país. Los sinvergüenzas podrán salirse con la suya, pero no se salvarán de convertirse en un #TrendingTopic. Y así, el celular se convierte en un arma de resistencia, aquella que sacará a cuenta los síntomas de la sociedad.

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Sin embargo, así como surgieron las Ladies y los Lords, surgió el otro lado de la moneda; los vigilantes, los que persiguen los actos que rompen con la moral. Incluso ya son, en su propia forma e igual que su contraparte, celebridades. Podemos encontrar a los “Supercívicos” que pasan sus días “luchando contra el mal” tal cual héroes ciudadanos. Las Ladies y los Lords no pudieron haber nacido sin una sociedad digital que hubiera tomado el rol de “autoridad moral”, juzgando, criticando y a veces exagerando en sus ataques, con tal de hacer “justicia”.

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Creo que es importante pensar, entonces, en la globalidad de la historia porque al final ésta depende de nuestros “supercívicos”. ¿Hasta qué punto es una denuncia válida y completa? De igual manera, tenemos que pensar lo que significa la privacidad, o la búsqueda de la fama mediante la denuncia. Primero, porque aunque estos individuos estén cometiendo actos inmorales, siguen siendo personas. Segundo, por que la cámara en la cara es automáticamente un ataque que pondrá en defensiva al perpetuador escalando la situación a una nueva agresividad que sólo provoca enojo y prepotencia, en lugar de realmente enseñar algo a esta persona. O la búsqueda de 15 minutos de fama haciendo este tipo de comentario social, en vez de 15 minutos utilizados para educar y razonar.

Es evidente que cada caso es único, pero este tipo de denuncia, hasta ahora, no es más que solo eso y se debe pensar que por más que queramos justicia, quizá hay mejores maneras de hacerla. También se debe de exigir un sistema jurídico eficaz que nos anime a acudir a las autoridades para denunciar.