Cultura y Arte Opinión

Fahrenheit mexicano y la curiosa historia de la librería Tata Vasco

Un clásico de Ray Bradbury tomó vida en uno de los estados más conservadores del país

Es un Fahrenheit a la mexicana: sistema de aniquilación ideológica de la ultraderecha se trataba de la quema de libros y espacios públicos de tinte socialista. Después, construían universidades. ¿Quién quemó la librería? ¿Quién financiaba la construcción de ciertas universidades? Hay sospechosos, pero también nombres.

Sobre la calle Juárez, en el centro de la ciudad de Querétaro, se encuentra el Teatro de la República. Muy cerca de la panadería La Mariposa estuvo la librería Tata Vasco. Eran los años setenta. Pablo Cazares y su esposa vivían en Ciudad Juárez. Trabajaban junto con pepenadores de la ciudad en un proyecto educativo.

“Queríamos abrir una librería que reuniera dos cosas: que estuviera cerca de la Ciudad de México y que hubiera la posibilidad de cultura por la existencia de universidades” cuenta Pablo. Querétaro fue la ciudad indicada: una universidad autónoma, un Tecnológico de Monterrey y un centro Politécnico. Además, estaba cerca de la capital.

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Periódico “La Corneta” Octubre 1978

“Abrimos la librería en enero de 1977… era una casa vieja que tenía una entrada en un zaguán y luego un patio. Del lado izquierdo había un cuarto lleno de libros; en el segundo cuarto había libros y discos” cuenta Pablo. El día de la inauguración fueron de los días más bonitos. “Le gustó mucho a la gente”.

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Entre 1960 y 1980, la ultraderecha olfateaba en los rincones del país a comunistas que parecían duplicarse. El problema no era la posibilidad de un país socialista y radical, sino que en años en los que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominaba, cuando apenas se había reformado la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales en diciembre de 1977, el Partido de Acción Nacional (PAN) comenzó a endurecerse para poder ganar alguna elección presidencial y con ella, los intereses de la ultraderecha. La reforma pretendía detener el monopolio partidista del PRI, otorgar el registro a más de una organización antes clandestinas (como el Partido Comunista), entre otros cambios.

Además, un año después se promulgó una ley de amnistía para exonerar a los militantes de grupos como la Liga Comunista 23 de Septiembre, el Partido de los Pobres o el Movimiento de Acción Revolucionaria, torturados y presos durante la Guerra Sucia de los años setenta. La izquierda buscaba su representación pero a mayor presencia, mayor descontento de la ultraderecha.

“En Guadalajara”, cuenta el doctor en historia Rodolfo Gamiño, “la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) funda la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) para contrarrestar la educación socialista cardenista que se daba en el país”, y lograr exacerbar a la oposición comunista. “Los Tecos”, organización estudiantil de la UAG y miembro de la Liga Mundial Anticomunista estuvieron involucrados en el Plan Cóndor y los movimientos autoritarios de Latinoamérica.

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Periódico “La Corneta” Octubre 1978

Formaban parte de una agenda que operaba en ese entonces por Rafael Rodríguez López, secretario general de la Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL), y que entre el 10 al 14 de julio de 1974, redactaron una carta durante una reunión realizada en Guadalajara. La “reunión secreta en la que se intercambió información para apoyar la llamada Operación Cóndor, la coordinación de los servicios de inteligencia de los países del Cono Sur con regímenes militares, con el fin de exorcizar la amenaza comunista, con conocimiento y apoyo de la CIA”, redactó la revista Proceso en 2002 en el texto “La ultraderecha mexicana en la Operación Cóndor”.

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Periódico “El día” 29 junio 1967

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Periódico “El día” 29 junio 1967

Imaginemos una mesa con cuatro personajes. A mi lado derecho, Heberto Castillo, con su texto de opinión para Proceso escrito en 1978: “Que no cunda el terrorismo”. Frente a mí, dos historiadores; uno es el maestro Kevyn Simón; su trabajo ha sido desenterrar al comunismo queretano. Al lado de Kevyn está el doctor Rodolfo Gamiño, también historiador del comunismo y movimientos armados en México. A mi lado, una cabeza se asoma. Él es Pablo Cazares, antiguo dueño de la librería Tata Vasco en los años 70 en la ciudad de Querétaro.

En 1974, Vallejo y Heberto Castillo (ingeniero y politólogo de los años setenta, amigo y socio de una taquería que financiaba ideales marxistas con el filósofo Luis Villoro) fundan el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), pues la clase obrera crecía y se extendía por el país. Los movimientos estudiantiles habían cobrado fuerza en el 68 y los movimientos armados comenzaban a tomar fuerza.

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Periódico “La Corneta” Octubre 1978

En su texto sobre el incendio, Heberto Castillo cuenta que “para detener esa organización se dan atentados criminales como los que han sufrido la librería ‘Tata Vasco’(…). Primero, vaciaron tinta sobre los libros que se exponían en los aparadores. Después, el 27 de octubre, arrojaron gasolina bajo la puerta, le prendieron fuego y destruyeron todo. Ahí se vendían libros, revistas, carteles y se daban conferencias, charlas y recitales”.

El rector (reactor) rojo en la UAQ (Universidad Autónoma de Querétaro)

En 1966 y 1967, el rector Hugo Gutiérrez Vega, ex rector durante esos años de la UAQ, reformó la institución sobre todo en la escuela de psicología. Su plan era simple: incluir la sexualidad y una postura marxista al plan de estudios.

Su tiempo como rector fue corto, pues la sociedad feligresa queretana lo prefirió como poeta. Después de haber solicitado al ex gobernador de la entidad, Manuel González Cosío, el espacio del templo de Santiago (una construcción emblemática en la ciudad de Querétaro, actualmente parte de la Facultad de Filosofía de UAQ), cuyo origen colonial eran los colegios, el presidente concedió el espacio como anexo de la universidad.

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Periódico “El día” enero 1967

Esto no le gustó al padre Monroy, quien se opuso al cambio, y a finales de noviembre de 1966, inició un revoltijo en el Patio Barroco del templo de Santiago, donde los estudiantes protegieron su espacio con palos, escobas y hasta bombas molotov. Para finalizar la pugna, el rector llamó a los militares quienes llegaron a calmar el espacio. El rector decidió retirarse de aquél puesto.

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Periódico “El día” 29 junio 1967

Hugo Gutiérrez cambió la universidad y con ella, el inicio de un grupo de estudiantes y profesores queretanos, particularmente de la escuela de Psicología, que comenzarían sus reuniones en la librería Tata Vasco ubicada en la calle Juárez en 1977.

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Periódico “El día” agosto 1967

Tata Vasco, antesala de lo que hoy es Querétaro

Estoy en casa de Pablo Cazares sentada frente a él. “Algo que molestaba mucho (a la sociedad conservadora de Querétaro) era vender las obras completas de Freud”. En la librería se reunían maestros y estudiantes de psicología, pues los libros que vendían estaban dentro de su plan de estudios.

Tata Vasco era visitado por intelectuales de la ciudad: quienes escribían, quienes pintaban, quienes leían poesía. El patio interior se volvía una exposición de arte que iba cambiando con la llegada de nuevas obras. En las paredes del patio, de la librería y de la cafetería se colgaban cuadros y piezas de cerámica.

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Periódico “La Corneta” Octubre 1978

Los sábados por la noche, Tata Vasco tenía espectáculos culturales: se cantaba y se tocaba música latinoamericana. Se leía poesía. “Tata Vasco es un antecedente de lo que ahora es Querétaro. A raíz de la migración es que la gente cerrada se ha vuelto una minoría”, porque en aquel tiempo la librería era un espacio de apertura, de respiro para la gente interesada en la cultura, la literatura, la filosofía y la política no priista (término que se refiere a que pertenece o tiene influencia del PRI).

Pablo cuenta:

—Oiga, no parece pero… ¡a mí me dijeron que era una cueva de comunistas!—dijo un viejito.

—¡Pues pásele a ver si los encuentra!—respondió Pablo.

La fecha del incendio es desconocida. Se dice que fue entre octubre de 1978. “Empezaron a agredir rociando tinta china en los libros de psicología, sociología, marxismo, literatura Latinoamericana; todo lo que sonaba a un poquito de avanzada”. Cuando la tinta china se secaba, volvía las páginas negras y las obligaba a nunca separarse como un beso que no permite la escapada de ningún sonido y de ninguna letra. Pero más allá de lo poético y malvado, el acto de la tinta volvía los libros inservibles.

Era de madrugada. Frente a la librería un señor estaba por abrir una tienda de colchones. De pronto miró el zaguán de la Tata Vasco, donde se exhibían algunos libros y discos, pero también estaba la caja registradora. La puerta estaba humeante. Alguien había vaciado petróleo por debajo de la puerta y después prendió fuego.

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Periódico “La Corneta” 17 de noviembre 1978

“El mismo día que nos quemaron, con toda la entrada llena de humo, abrimos las puertas para recibir a la gente”. Pero la gente empezó a tener miedo; incluso, hubo una persona que recibió amenazas de muerte.

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Periódico “La Corneta” 17 de noviembre 1978

“Tuvimos mucha suerte”, cuenta Pablo. El señor, al ver el humo, le llamó a los bomberos y el incendió se detuvo. Parte del zaguán se quemó pero no pasó para adentro.

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Periódico “La Corneta” 17 de noviembre 1978

“Dentro de todo”, nos cuenta Pablo. “Después del incendio hubo mucho apoyo y solidaridad de la gente de Querétaro”. Incluso tuvieron soporte en un evento que fue presidido por Hugo Gutiérrez Vega. Sin embargo, tras el incendio y las amenazas recibidas, muchos clientes dejaron de ir. “Yo creo que cuando sucede algo así, la gente que no es muy abierta le da temor, no la violencia, sino que el lugar es mal visto socialmente, pero eso es solo una especulación”, comenta.

“Llega un viejito a la librería y dice: —¡Hasta que puedo encontrar libros religiosos en Querétaro! —y entre sus manos llevaba “La sagrada familia”, de Friedrich Engels y Karl Marx”, narra Pablo. Querétaro era un lugar conservador y cerrado. Social y religioso. El obispo de aquel entonces era muy tradicional: la antítesis de Sergio Méndez Arceo.

“No había una instrucción nacional; fue una librería personal y no partidaria”, menciona, después de haberle preguntado si la librería tenía algo que ver con el PMT. Tata Vasco daba dos miradas: por un lado era una amenaza para la sociedad queretana conservadora, y los intereses de la ultraderecha; pero también era un espacio de apertura para artistas, poetas y filósofos que pasaban a tomar un café. En una ciudad muy pequeña para la época, con una población de alrededor de 200 mil habitantes, Tata Vasco fue un antecedente de lo que es la ciudad.

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Periódico “La Corneta” 17 de noviembre 1978

La librería cerró sus puertas en menos de dos años después del incendio. ¿Dónde hay notas sobre el suceso? Están escondidas en archivos históricos de la ciudad, y en la memoria de los que aún viven.

Agradezco a Kevyn Simón por haber recuperado una de las pocas notas del incendio:

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Periódico “Noticias”

¿Cuántos espacios no han existido en el país y han desaparecido junto con sus memorias e influencia en la sociedad? Igual que ha pasado con estudiantes y tantas personas desaparecidas en el país: mujeres, niños, niñas, hombres…

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Por: Carolina Castellanos

Laboratorio de comunicación periodística

Universidad Iberoamericana

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