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El carnicero de las estrellas

La redes sociales se han convertido en un buscador de bienes y servicios como salones de belleza, hoteles, tiendas de ropa y restaurantes. Por lo tanto, servicios médicos también están a nuestro alcance a través de estas plataformas.

Es un arma de dos filos, pues ahora podemos encontrar clínicas de cirugía plástica que abren en la red, riesgos y situaciones de peligro para la salud.

En una sociedad en la que los seguidores son los que avalan los perfiles, nos encontramos en cuestión de segundos, por ejemplo, clínicas que promocionan servicios de cirugía estética a través de videos y fotos. Los cirujanos se han convertido en los personajes principales de una narrativa en la que los pacientes cambian radicalmente su aspecto en manos de un “artista”.

Los medios han influido en cómo hablamos de los cirujanos y de las operaciones estéticas, que cada vez más se normalizan en la sociedad mexicana.

El doctor José Achar se le cataloga como “El Cirujano de las Estrellas”. Con 137 mil seguidores en redes sociales y promociones en el reality show de Acapulco Shore, se ha vuelto el doctor elegido por personalidades desde Carmen Campusano hasta youtubers como Debryan. Sin embargo, el doctor Achar, con su cobertura mediática, ha dejado al descubierto una serie de casos y descuidos que prueban cómo los seguidores, no te salvan de los peligros bajo el bisturí.

Taya Valenzuela, actriz y bailarina de teatro se sometió a cirugía con Achar para quitar el exceso de grasa que presentaba en el abdomen. Tanya, en su testimonio, cuenta como Achar era recomendado por los protagonistas de Acapulco Shore y al tener la recomendación y la validación de los medios, todo apuntaba a que su trabajo iba a cumplir las expectativas. “Llegué a la clínica y la clínica daba muy mal aspecto. Su oficina olía a orines, pero al hablar con el doctor, me dijo que me hacía un descuento por ser actriz y que en un mes estaba lista. Me programaron para una lipectomía, pero la cirugía duró muchísimo, y cuando me levanté estaba en mucho dolor. Un amigo que me acompañó a la operación, me dijo que me habían dejado “cinturita de avispa” con una “aplicatura”, que es cuando con un hilo te amarran los músculos abdominales. Pero era un procedimiento que yo no había pedido”.

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Instagram de Tanya Valenzuela

De acuerdo con Tanya después de la operación no recibió ningún tipo de recuperación o de terapia más que las visitas de drenaje en las que, a los pacientes los paran junto a una pared, y son “exprimidos como pasta de dientes” para que salga todo el líquido del cuerpo después de la cirugía, causando que los moretones sean más frecuentes y más prolongados.

Por el otro lado, existe Daniel Urquiza, estilista mexicano especializado en colocar extensiones, por medio de la recomendación de Karime Pindter, una de las protagonistas del reality de Acapulco Shore, se realizó una rinoplastía en las que el doctor Achar le “amputó” un pedazo de cartílago. Daniel Urquiza tomó las redes sociales para hacer pública la falta de profesionalismo del médico, ya que este se negó a tomar sus llamadas, y el remedio que se le aconsejó fue ponerse pomada. Después de un reconstrucción de nariz, Urquiza sigue siendo vocal en redes sociales de la negligencia médica de otras clínicas de cirugía estética en la Ciudad de México

Tanya estuvo un año sin trabajar a causa de la lesiones de una lipectomía que se complicó tres veces. Terminó en urgencias por una “bolita” que tenía en el abdomen, en la que otro cirujano tuvo que sacar tejido muerto de abdomen y utilizar medicamento para poder regenerar las células de los músculos. El doctor Achar nunca dio un comunicado o una respuesta ante las cirugías que mostraron tener un daño en los pacientes, y en el mes de abril se anunció que él iba a estar a cargo de la reconstrucción facial de la actriz Lyn May.

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Daniel Urquiza

Tanya y Daniel son solo algunos de los pacientes que han sufrido algún tipo de abuso quirúrgico por parte de Achar. Casos de operaciones que no se hicieron con el consentimiento del paciente y teniendo una clínica que, de acuerdo con Tanya, “sacaban pañales de sangre de las personas que estuvieron en cirugía y no había una  separación correcta de los desechos tóxicos”.

De acuerdo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), las clínicas de cirugía estética tiene que cumplir con ciertos parámetros legales para poder operar. El establecimiento debe de tener áreas de recuperación no contaminadas para que no se corra riesgo de infección y el equipo necesario para los procedimientos quirúrgicos. Dos aspectos que la clínica Corpus and Rostrum, de acuerdo con los pacientes entrevistados, no cumple. No hay una separación de los desechos tóxicos, no se ofrece espacio de recuperación a los pacientes con operaciones más invasivas, y no se cuenta con el equipo adecuado para poder llevar a cabo las recuperaciones.

Por el otro lado, la Ley General de Salud en Materia de Prestaciones Médicas protege a los pacientes de la negligencia médica, si por parte del médico y del equipo quirúrgico, no se dio suficiente información al paciente y de tener un protocolo de seguridad antes, durante y después de la operación.
La lista de verificación de seguridad de la cirugía expedida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que debe ser cumplida a nivel mundial en cualquier clínica avalada para llevar a cabo procesos quirúrgicos cita: “el enfermero confirma verbalmente el nombre del procedimiento, el recuento de los instrumentos, gasas y agujas, el etiquetado de las muestras (lectura de la etiqueta en voz alta, incluido el nombre de paciente), Si hay problemas que resolver relacionados con el instrumental y los equipos”. De no cumplirse, el paciente puede consultar con un abogado para hacer notoria la mala praxis de parte del cirujano y de equipo quirúrgico.

Los testimonios de las víctimas han puesto sobre la mesa la negligencia por parte de clínicas estéticas como Corpus and Rostrum, y con ello, la probabilidad de que nos estamos adentrando a un mundo maquillado en las redes sociales y que pone en riesgo nuestras vidas.

Achar ha creado su marca a través de promociones en reality shows y por recomendaciones de influencers. Pero es un médico que no cumple con los requerimientos impuestos por la COFEPRIS, la lista de verIficación impuesta por la OMS, ni la Ley General de Salud, organismos que velan los derechos de los pacientes.  La información recabada abre más preguntas sobre cómo muy pocos pacientes han intentado presentar demandas, pero que se topa con el silencio en la sociedad.

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Equipo de Corpus and Rostrum.

José Achar es un cirujano certificado, pero existe un maltrato a sus pacientes y no provee con el cuidado necesario después de un cirugía, de acuerdo con la entrevistas y tomando en cuenta que documenta los procedimientos en redes sociales. Dato que pone también en cuestionamiento a las asociaciones que se encargan de la certificación de los cirujanos y de los organismos encargados de checar que la clínicas cumplan con los requerimientos de salubridad.

Se ha llegado al punto en el que la Medicina, que es históricamente respetada, se encuentra cuestionada sobre la veracidad de sus profesionales. Al igual sobre cómo las redes sociales son una plataforma que sirve para impulsar a clínicas con negligencias médicas, pero que son alabadas por las cantidades de seguidores que tienen.

Según el doctor Jesús Rivera, director jurídico de la Universidad del Conde, en una entrevista con MILENIO. Estipuló que México es el segundo país, después de Tailandia, en turismo médico. Recibiendo extranjeros para realizarse un procedimiento estético, ya que en países como Estados Unidos y Canadá suelen ser más caros. El turismo médico es un negocio millonario que explotan las cualidades turísticas de un país y los precios accesibles para realizar cualquier procedimiento estético, pero también implica un riesgo para los pacientes en cuanto a la regularización de las clínicas.  

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Instagram: Corpus and Rostrum

Si las redes sociales se han vuelto nuestro medio y filtro para encontrar servicios para unas vacaciones, el hotel y la clínica para realizarse el procedimiento escogido, se ha vuelto igual de sencillo. Dando la pauta a que las clínicas y médicos sin regulación encuentren un negocio rentable que puede terminar en la muerte de un paciente.

Los médicos hacen un juramento para proteger la vida y practicar con ética, y José Achar es alguien que lucra con el cuerpo de las personas, lo cual es una acción perpetrada tras la fachada de los seguidores y la aprobación mediática. En lugar del “cirujano de las estrellas”, lo deberíamos de llamar carnicero.

Por Renata Poiré, alumna de Laboratorio de Comunicación Periodística

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