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Allá donde las mujeres ríen

"Entre risas, nos volteamos a ver y con tan sólo mirarnos, nos volvemos cómplices. En aquel lugar del Centro, dentro de sus paredes, podemos sentirnos seguras y libres. "

Mis amigas y yo nos dirigimos al Centro de la ciudad un jueves por la noche. El destino: Punto Gozadera, un bar de mujeres que será el escenario de un stand-up feminista. La travesía desde Santa Fe requirió un par de horas a vuelta de rueda invadidas por el paisaje de vendedores ambulantes y gandallas al volante. Al llegar al lugar en medio de la calle oscura, un “viene viene” nos hace una seña indicándonos el lugar de estacionamiento.

 –“Sus compañeras ya están adentro, todos estos coches son de ellas”– dijo el “viene viene”, mientras apunta a los coches que nos rodean. En un instante la calle ya no se siente tan vacía. Por un segundo, el hecho de que cada día en México tres mujeres son asesinadas simplemente por ser mujeres, no me paraliza. 

Llegando al bar se escuchan las risas de un stand-up ya empezado, y antes de poder entrar a Punto Gozadera, nos encontramos con una manta en forma de vagina, la cual nos indica la entrada. El lugar está lleno; el olor a comida, cerveza y cuerpos estimulan los sentidos. Hay varias mujeres paradas porque ya no alcanzaron asiento, las meseras y bartenders caminan con velocidad por el lugar para atender a la clientela. Mientras tanto, Antonella, la organizadora y amiga mía, entretiene el lugar con sus chistes provocativos mientras su mamá se hunde en la mesa.

Ya frente de la barra pido una cerveza. – Soy recibida con un “son 30 pesos, guapa”. En ese momento no estoy segura si es el lugar, la gente que me rodea o el ambiente casual del stand-up, pero nunca me he sentido tan segura y cómoda como ahí. La vagina que se abre entre la calle oscura y Punto Gozadera debe ser un presagio de este refugio vegano. 

Cada comediante tiene una visión distinta del feminismo; algunas se quejan de otras feministas que las hacen sentir como unas estafadoras. Una cuenta que fue a una boda y sucumbió a sí misma: se rasuró para el evento. Y por si fuera poco, se maquilló como una diosa. ¿Qué fue lo que le estaba esperando en la fiesta? Aquella feminista que la vio de arriba a abajo con mirada de desaprobación como diciendo: “te falta mucho que aprender”. Me dieron ganas de decirle –“yo he estado ahí, hermana”–, tal vez la carcajada que expedí fue mi manera de hacérselo saber. 

Después de media hora, me da hambre y pido unas papas a la francesa. Lo que en realidad quiero comer es una chalupa vegana, pero como me encuentro parada, esa es mi única opción. La standupera que se encuentra en el escenario es chilena. La perspectiva extranjera que le da a las relaciones heterosexuales hace que todo el lugar se ría. Cada declaración es recibida con gritos, carcajadas y comentarios al aire de todas las mujeres que con una cerveza en mano, le hacen saber que lo han vivido todo. 

Una decena de hombres que se encuentran en el lugar se notan incómodos. A lo mejor tienen miedo de que alguna comediante se agarre en contra de uno de ellos. La última comediante, de nombre Myr Ramírez, abre su show burlándose del hombre que se encuentra en frente suyo. Después cuenta su experiencia haciendo comedia: “Qué bonito es estar en un lugar así, rodeada de puras mujeres”. Sus experiencias pasadas haciendo stand-up en bares para cuarentones no ha sido la más agradable, –desde un público conservador hasta el ambiente machista entre sus compañeros–. Es un trabajo agotador ser una mujer en la comedia. 

Myr encabeza el evento, eso significa que ya tiene más experiencia y fans. Después de cinco minutos, nos damos cuenta porqué. Las risas del lugar llegan a su clímax y pocas son las pausas; algunos como yo, respiramos con dificultad para no ahogarnos. Entre cada chiste, volteo a ver a mis amigas y a las demás extrañas. Todas asentimos y con sólo mirarnos, nos volvemos cómplices. En aquel lugar del Centro, dentro de sus paredes, podemos sentirnos seguras y libres. Entendemos cada anécdota de Myr con su sexualidad, relaciones de pareja y el ser feminista como si fueran nuestras. De cierta forma, lo son.

Terminando el show, mis amigas y yo estamos agradecidas de que nuestra respiración vuelva a la normalidad. Nos volteamos a ver para decir: “Me duele la cara de tanto reír”. Ya no tenía que hacer ejercicio al día siguiente, mi abdomen se había esforzado suficiente por hoy. Antes de irnos a nuestras casas, pasamos al baño. Somos recibidas por una explosión de graffiti en las paredes con frases de protesta y motivación feministas. Me sorprendo al ver a dos hombres adentro; es un baño “gender neutral”. Sonrío ante la situación. Antes de salir, nos encontramos a Myr y al felicitarla nos abraza con fuerza. 

Afuera de Punto Gozadera, el olor a cigarro impregna las calles, las mujeres murmuran y ríen mientras disfrutan de la noche. No me quiero ir. Al dar la vuelta en la esquina donde se encuentra el coche, el lugar desaparece y ya no escucho nada. La calle se vuelve solitaria de nuevo, la noche se vuelve oscura. 

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