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¿Qué está pasando con el Centro Comunitario de Atención a la Diversidad Sexual?

En el corazón de la Zona Rosa se encuentra el Centro Comunitario de Atención a la Diversidad Sexual. Un lugar dedicado a la comunidad LGBT, que ha quedado completamente en el olvido. Conócelo.

A la espera de que abra la estación del Metro de la Glorieta de Insurgentes, a las seis de la mañana, la Zona Rosa se llena de personas que vienen de toda la ciudad. Personas con historias diferentes, pero que buscan un escape de la realidad. Una noche divertida, con gente que no tiene ningún prejuicio. Un sentimiento de comunidad se apodera de la zona, la vibra es positiva y la gente convive sin miedo de ser ellos mismos. 

La Zona Rosa tiene una larga historia de ser una parte de la ciudad icónica: buena o mala fama, siempre ha sido un lugar que deja de que hablar. Pasando por varias etapas. Diferentes momentos de la historia la marca como un punto de reunión para la élite, un lugar plagado por delincuencia, sucio y mal cuidado, indispensable para pasar una gran noche. Puede que sea todo esto combinado. La magia de poder apropiarse del significado de un espacio, de la esencia, para poder hacer de ese lugar un segundo hogar, es la magia de la Zona Rosa.

Eso representa la Zona Rosa para muchos. Un lugar donde la comunidad LGBT convive en libertad y sin miedo de ser juzgada. Todos son bienvenidos. No se puede decir que es una situación perfecta, la realidad es que estamos avanzando hacia el cambio pero aún no llegamos ahí en su totalidad. La inclusión, aceptación y el respeto de todas las identidades sexuales sigue siendo un tema que se debe trabajar. Tener un lugar para refugiarse cuando alguien siente que no pertenece a ningún otro sitio es muy importante. Lugares donde hay gente con la que cual identificarse y se puede convivir sin miedo a ser uno mismo. 

En el corazón de la Zona Rosa, justo en medio de una sex shop extravagante y prominente, y una iglesia católica con su respectiva Capilla del Santísimo, en la calle Génova, se encuentra el Centro Comunitario de Atención a la Diversidad Sexual. Uno de los 16 que hay (o que debería haber) en la Ciudad de México. Un lugar dedicado a cuidar, escuchar, ayudar y servir a la comunidad LGBT. No importa como te identifiques; es más, ni se pregunta. Si necesitas algún tipo de asesoría, o simplemente platicar con alguien, las puertas del centro están abiertas para ti. Ofreciendo servicios como una psicóloga con quién hablar, un abogado que te asesora en caso de cualquier discriminación laboral o, en general, pruebas de VIH gratuitas, condones, lubricantes, y un espacio donde que se puede utilizar para reuniones, pláticas, talleres o bazares. En general, el espacio está ahí para cualquiera lo utilice para lo que lo necesita. 

En el Centro Comunitario trabaja el abogado Sebastián Figueroa, quien asesora sobre cualquier tipo de discriminación. No los representa legalmente, les dice a qué entidad gubernamental se deben dirigir para presentar sus quejas. Es la mano derecha de la directora Sandra Edith López Cañeda. Ellos, además de la vigilante de la entrada que esté ahí ese día, [Itza, en este caso], son las tres personas que se encargan de que el Centro Comunitario trabaje y funcione a la perfección. Solo hay un pequeño detalle: desde la nueva administración que gobierna la CDMX, no han recibido el presupuesto para cubrir todos los gastos necesarios. 

¿Qué servicios ofrecen? Es la primera pregunta que se hace cuando se cruza la entrada; una persona que viene en búsqueda de ayuda, ¿qué recibe?  Todas estas cosas magníficas antes mencionadas fueron pintadas con un triste “pero…”.

Debido a los recortes de presupuesto impuestos por el gobierno, ya no tienen dinero para mantener una psicóloga; hace un mes no que no tienen pruebas de VIH y no tienen condones. Así que, en realidad, lo único que han podido ofrecer últimamente es un lugar para que se hagan pláticas y reuniones… y la asesoría de Sebastián. 

Este psicólogo asegura que desde que empezó el gobierno de AMLO les quitaron el presupuesto. Con esperanzas de recuperarlo empezando el siguiente año. A pesar de la falta de presupuesto, no lo ve como un ataque directo a la comunidad: “nos quitaron el presupuesto por asuntos de papeleo que pueden ser resueltos con facilidad, el problema es la prioridad que le dan a este tipo de organizaciones”, Y es verdad: cuando se trata de este tipo de problemas, se trata como algo secundario. Un problema que puede ser resuelto después de terminar con asuntos previos a este.

Comenta que, de las 16 delegaciones de la CDMX, “sólo seis cuentan con un Centro Comunitario LGBT, y de esos seis, solo tres trabajan y colaboran actualmente. Aunque esté escrito en la ley que debe haber uno en cada delegación, respectivamente”, Sebastián cree que esto se debe a la falta de importancia que se le da a este tipo de organizaciones, aunque sean por un bien común.

“Hemos hecho más de 825 pruebas de VIH, de las cuales alrededor de 300 han sido positivas. Hay un grupo que viene y se junta solo para platicar sus experiencias. Les ayuda mucho tener un grupo de personas que viven la misma lucha que ellos”, relata Sebastián. Es una pena que desde hace más de un mes que no se pueden hacer pruebas de VIH, porque simplemente no hay el presupuesto para hacerlas. Incluso, se les ayudaba con el seguimiento de su tratamiento y medicinas. Aunque, según dicen, la mayoría termina abandonando el tratamiento después de unos meses, y regresa cuando ya es demasiado tarde. Pero es peor saber que estas pruebas, importantes para la salud sexual y bienestar del público no se proporcionan. No poder proporcionar condones para que las personas que quieran tener una vida sexual activa practiquen sexo seguro y prevenir cualquier ETS (Enfermedad de transmisión sexual), además del VIH.   

A pesar de la falta de presupuesto, las ganas y el espíritu siguen ahí. “Tenemos reuniones del grupo de VIH cada mes, el grupo de madres lesbianas se reúne todos los domingos; tenemos un grupo de muchachos que quieren empezar a reunirse aquí, ya que es un lugar más céntrico para todos. El espacio está para ellos, cuando podemos les ofrecemos café, galletas, lo que se pueda, ellos también se organizan y hacen eventos. El otro día hubo un bazar donde la gente trajo productos hechos a mano, comida y demás cosas para vender, y aquí hicieron su pequeño mercado. Lo importante es saber que tienen la oportunidad de seguir viniendo en lo que podemos recargar nuestros motores y restaurar el área”, explica Sebastián. Es difícil, ya que la pequeña “oficina” es un cuarto con tres sillas y un teléfono. Reconocen que están pasando un muy mal momento, pero eso no los detiene. 

“Cuando la primer marcha LGBT se organizó en la Ciudad de México, nunca nos imaginamos que el movimiento iba a crecer lo suficiente como para lograr ser lo que es ahora. ¡La marcha llega hasta el Zócalo! Nunca habíamos tenido tanta visualización, pero la batalla no acaba aquí. Llega mucha gente a pedirme asesoría para buscar donde se pueden casar dos personas del mismo sexo sin discriminación; me dicen que quieren ir a un lugar donde “no les hagan caras”, y yo siempre les digo que eso no lo podemos controlar. Es como cuando ves a alguien que tira basura en la calle: les reclamas y ellos se enojan. No podemos controlar cómo actúa la demás gente”, remarca.  

“La directora está peleando por recuperar nuestro presupuesto lo más pronto posible. Ahorita en eso dedica todo el tiempo que está aquí… juntando papeles y hablando con encargados del gobierno. Si antes recibiamos 10, ahora recibimos 2, y eso también es parte de nuestros sueldos que se ven altamente reducidos, pero tenemos un compromiso muy grande con el Centro… no podemos dejar a todas las personas que nos buscan sin nada que ofrecerles. Hoy lo ves un poco vacío, pero hay días que está lleno de gente que viene a visitarnos. Tenemos una responsabilidad enorme con esa gente. No queremos defraudarlos”. 

Lugares como el Centro Comunitario de Atención a la Diversidad Sexual son indispensables para la seguridad, salud y bienestar en general de una gran sección de nuestra población. El gobierno federal y local minimicen un problema tan grande como la salud sexual pública es algo que debe ocupar a la sociedad. Que exista un lugar como el Centro Comunitario es el primer paso; que sea cuidado y llevado como se debe, es el segundo. 

Itza, la vigilante de la entrada, cuenta que algunas personas se juntan afuera del Centro Comunitario esperando la llegada del primer Metro a las seis de la mañana, después de una noche de fiesta. Es un lugar que inspira seguridad para todos, dice.

 “Aquí no preguntamos cómo te identificas, que te gusta o que no, si tú te sientes lo suficientemente cómodo como para compartirlo… ¡Excelente! Pero no es necesario que lo compartas porque verdaderamente: no importa. Aquí eres bienvenido y aceptado sin prejuicios. Eso también es algo que tratamos que todos los que entran compartan”, asegura Sebastián.

El Centro Comunitario está al fondo de un pasillo largo donde casi siempre ves a hombres cargando diablitos llenos de cajas de cerveza que son repartidas en los bares alrededor de la Zona Rosa. Un lugar un poquito escondido, que mantiene sus puertas abiertas casi todo el día, que le permite la entrada a cualquiera que busca algún tipo de refugio, un amigo, un consejo, o simplemente encontrar a alguien con quien identificarse y sentirse parte de una comunidad que va más allá de la orientación o identidad sexual. 

La lucha para recuperar el presupuesto debido y el material necesario para tener un Centro Comunitario con la capacidad de ayudar en todos los aspectos a la comunidad LGBT continúa. Mientras tanto, siguen atendiendo y ayudando como pueden. Como dijo Sebastián, se ha llegado lejos, y ya no es un tema tabú, pero sigue siendo una minoría poco representada y con poca ayuda del gobierno. Este nivel de injusticia es un problema que nos involucra a todos. 

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