Cultura y Arte

“La Caja Negra”, algo más que teatro

“Las personas somos nuestras historias, pensamientos, sentimientos y recuerdos”
Helen Marcos

Un escenario con escasa decoración: dos sillas cubiertas de telas y una iluminación estándar. Atrás, fuera de la vista del público, los actores se preparan en el backstage: respiran, repasan sus líneas, hacen algunos ejercicios para relajarse, se mueven, corren, saltan e interactúan entre ellos. Se da la segunda llamada, los actores solo esperan ansiosamente su momento de entrar en acción, concentrados al máximo. El conductor anuncia la tercera llamada y, al grito de “¡un, dos tres, caja!”, los actores están listos para hacer su entrada. Al primero que verás salir será al músico, quien, con su guitarra acústica, tomará asiento y deleitará tus oídos con algunas armonías; al cabo de algunos segundos, y con la música aún sonando, entrará un grupo de 6 a 10 actores, todos con sobria vestimenta: jeans y una playera negra con el logo de “la caja”.

Ellos son “La Caja Negra”, compañía teatral compuesta por jóvenes voluntarios de distintas edades y profesiones. Se reúnen todos los miércoles de 9 a 11 de la noche para llevar a los escenarios historias que invitan a reflexionar sobre los problemas que nos aquejan como país y como sociedad. Creen firmemente en el poder del teatro para transformar realidades. Utilizan un nuevo y único concepto denominado “teatro i”, estructura creada por Helen Marcos, directora de la compañía, quien, fusionando diversos estilos y técnicas teatrales, obtuvo este innovador producto. Los jóvenes combinan la conciencia social, educativa  y comunitaria con el teatro y la creatividad mediante un proyecto que fomenta, no solo el entretenimiento, sino la reflexión de la vida cotidiana y la sociedad que nos circunda.

Contexto: ¿de dónde proviene su estructura?

“Teatro i” es una estructura desarrollada específicamente para funciones de teatro, que permite trabajar con temas sociales, comunitarios y empresariales en escena. Cabe recalcar que no busca moralizar o dar lecciones de vida, sino hacer reflexionar al público sobre la cotidianidad. Helen Marcos, afirma que “estamos acostumbrados a que nos digan qué hacer; desde chiquitos nos dicen ‘no hagas esto’, ‘no hagas el otro’, y moldean nuestro comportamiento. Yo quería justamente crear un espacio que no funcione así” . La estructura se divide en tres partes, las cuales se llevan a cabo en toda función tradicional de la compañía:

1. Impacto: Corresponde a la primera parte de la función. Se presentan problemas determinados a través de escenas preparadas previamente por los integrantes del grupo. Se pretende realizar una representación no literal, evitando el drama intenso y los clichés para que el público pueda conectarse directamente con la problemática. Se busca un balance entre escenas interesantes, potentes y entretenidas. El objetivo de esta parte, como su nombre lo indica, es impactar al público usando escenas como detonadores para lograr el primer paso que es la movilización interna.

 2. Interacción: En esta etapa de la función, el público tiene la oportunidad de compartir una historia, anécdota o sentimiento de sus propias vivencias derivadas de lo que ha visto en las escena. Los actores, elegirán una técnica teatral para representar la experiencia contada, utilizando su espontaneidad y creatividad, pero siendo fieles a la esencia de la historia.

3. Improvisación: Se le pide al público al ingresar al foro escribir en un pequeño papel, con dos o tres palabras, algún aspecto que le preocupe o aflija especialmente sobre la temática general de la función. Al finalizar la parte de interacción, la directora elige un papel al azar y, mediante una técnica de improvisación, el grupo de actores escenifica lo que está escrito de manera creativa e interesante. Esta técnica no implica apegarse a una historia particular, sino que da lugar a la inventiva y a la libre creación de narraciones. 

Ahora bien, aunque esta estructura ha sido desarrollada por la directora Helen Marcos, tiene como influencia y toma sus fundamentos de diversas técnicas teatrales existentes. Por ejemplo, de Jacob Levi Moreno, quien retoma el Teatro Espontáneo, consiste, a grandes rasgos, en la eliminación del texto dramático, dando como resultado un teatro espontáneo. Es decir, que se vive únicamente en el aquí y el ahora. Retoma también el Teatro del Oprimido de Augusto Boal, que se propone utilizar el teatro como herramienta de cambio social. Grotowski, por su parte, propuso el Teatro Pobre al despojarlo de todo elemento ornamental, como lo es la escenografía, y quedarse únicamente con la esencia de las actuaciones. La compañía lo retoma al utilizar, como única utilería, telas de colores, las cuales pueden tomar la forma de cualquier objeto, incluso inmaterial. Jonathan Fox tomó el teatro Espontáneo y profesionalizó las técnicas para crear el Teatro Playback, dedicado a la representación fiel de las historias de las personas por parte de un grupo de actores. 

Evolución de la compañía: de la comunidad hacia afuera

La “Caja Negra” fue fundada hace más de 20 años; sin embargo, tal como la conocemos ahora, existe desde hace casi siete. Aunque han surgido varias hipótesis, el nombre permanece siendo un misterio para los actores e incluso para la directora. El grupo ha pertenecido desde sus inicios a la Kehilá Ashkenazi, institución de la Comunidad judía en México. Surge a partir de la necesidad de abordar problemáticas dentro de la comunidad que rara vez eran tratadas, mucho menos desde un ámbito artístico. Desde sus comienzos, el grupo ha creído en la importancia de poner sobre la mesa, sin tapujos, cuestiones que incluso pueden llegar a resultar polémicas. Al mismo tiempo, se busca que las personas generen su propias reflexiones. Todo esto a través del teatro. 

Algunas de las temáticas que se han mantenido en su repertorio son la comunicación entre padres e hijos, la educación en la familia, la presión social y económica, el internet y la tecnología, las adicciones y la formación de identidad. El proyecto adecua los temas dependiendo el público al que se dirige; por ejemplo, cuando asisten a bachilleratos, se inclinan por temáticas relacionadas con adicciones o bullying, en funciones para padres de familia, se enfocan en educación.  

La actual directora comenzó en el grupo como actriz. Nos cuenta que actuó aproximadamente dos años, hasta que recibió una oferta inesperada de la comunidad: “la actual directora ya no iba a poder estar; en ese entonces era un proyecto muy pequeño y yo estaba muy involucrada”. Nos cuenta que en un principio dudó, no sabía si estaba dispuesta a tomar esa responsabilidad; sin embargo, su esposo, quien también era actor de “La Caja”, la animó e incluso le ofreció tomar el proyecto con ella. Desde entonces están ambos a cargo: Helen Marcos como directora y encargada de la parte artística y Enrique “Kike” Presburguer, como productor, y encargándose de la parte administrativa, así como conseguir foros.

A Helen le parecía un proyecto con mucho potencial y, sin embargo, desperdiciado en la comunidad. “Tuvimos una junta con la comunidad en la que les planteé la idea que tenía para el proyecto, […] lo que hacían era una especie de teatro del oprimido en donde al final se le preguntaba al público cómo querían que termine la historia, lo que no me gustaba era que las situaciones eran muy hipotéticas, yo quería crear un espacio en donde se representarán las historias reales de las personas”. Fue así que decidió incorporar otros elementos de teatro con los que se pudiera involucrar al público de manera más directa.

Nos cuenta que al principio era un grupo muy pequeño, su objetivo era consolidarlo como una compañía formal de teatro. “Comencé a reclutar actores entre la gente que conocía. Al principio era casi un proyecto familiar [ríe], estábamos yo, mi esposo y mi cuñado, por ese entonces era profesora de teatro en una preparatoria, me jalé también a algunos de mis alumnos”. Muchos de estos actores que comenzaron continúan hasta el día de hoy, muchos otros han cedido su lugar a nuevos actores; sin embargo, la directora hace el intento de que siempre se mantenga la misma base. “Entiendo que al ser una compañía no profesional algunos de los actores tengan otros proyectos que los obligan a irse, pero  intentó reclutar a distintas personas que puedan comprometerse a largo plazo, la idea es que nos mantengamos los que somos y si alguien tiene que abandonar, que sea la excepción”, “sólo reclutó nuevos actores cuando la situación verdaderamente lo amerita”, agregó. 

La incipiente compañía se juntaba un día a la semana para ensayar y prepararse, aunque sus funciones aún no eran muy numerosas: “al principio teníamos una función cada seis meses y había que rogarle a las instituciones para que nos contrataran”, nos cuenta Helen. A base de trabajo duro, pruebas y errores, fueron perfeccionando sus técnicas, por ese entonces, la directora cursaba una maestría en Psicodrama en la Escuela Mexicana de Psicodrama y Sociometría (EMPS) y los actores tomaron también diversos cursos para ampliar su preparación. La compañía comenzó a adquirir compromiso y profesionalismo. Poco a poco, el trabajo de “la caja” fue haciéndose visible dentro de la comunidad. Las instituciones comenzaron a fijarse en el trabajo de esta compañía y fueron abriéndose un lugar. Fue así como se dio un crecimiento exponencial en su número de funciones. 

El siguiente paso era expandirse, abrir su horizontes, salirse de su “zona de confort”. Por ese tiempo, eran contratados principalmente por instituciones educativas y algunas organizaciones sin fines de lucro. Fue entonces que se plantearon la posibilidad de asistir a empresas. Aunque no es muy común en este tipo de teatro involucrarse con instituciones empresariales. Hoy en día se ha evidenciado la necesidad de crear mejores ambientes de trabajo, y es ahí donde “la caja negra” tiene la posibilidad de tomar acción. Helen y Kike lograron contactarse con algunas empresas, algunas a las que han asistido son Seguros Monterrey NY Life y Quiero Casa; asistieron también a una feria de Recursos Humanos con personal de distintas empresas. 

El gerente de ventas de una empresa de seguros (por cuestiones de confidencialidad no dará su nombre) comenta: “paso entre 6 y 8 horas sentado frente a mi computadora, la relación con mis jefes y compañeros de trabajo es a veces medio tensa y competitiva; definitivamente me ayuda tener espacios de esparcimiento e integración entre nosotros. […] Cuando “La caja negra” vino al evento de aniversario se creó un ambiente de confianza, y algunos hasta se animaron a contar historias conmovedoras o, incluso, graciosas sobre su vida profesional como agentes”. 

Una de las recientes innovaciones de la compañía fue introducir funciones temáticas. Por segundo año consecutivo, se realizó una función especial del “día de muertos” en la casa de Emilio “El Indio” Fernández en Coyoacán, honrando las historias de los que ya no están y enalteciendo la cultura mexicana. “Sentí tanta satisfacción en un espacio tan maravilloso, a un lado de la ofrenda, y un público fantástico. Obviamente con el mejor equipo en el escenario”, nos cuenta Marcos Shaoli, actor. 

Otra función de este estilo fue un especial del día de San Valentín en la que se abordaron cuestiones relacionadas al amor y las relaciones románticas. También realizan funciones más solemnes como una que se llevó a cabo en el Museo Memoria y Tolerancia sobre la situación que viven las mujeres en este país, se tituló “vivas nos queremos”. En efecto, cada vez abordan mayor variedad de temáticas, no tienen miedo de arriesgarse y ampliar sus horizontes. “Me tranquiliza saber que puedo aceptar cualquier tipo de función y siempre resulta, me hace pensar que podemos traspasar nuestras propias fronteras”, nos dice Helen. Su más reciente función fue el pasado 10 de noviembre en una escuela primaria en la localidad de Jojutla, cerca de Cuernavaca. Es la primera vez que ofrecen una función a niños y la primera vez que  asisten a una comunidad de escasos recursos, no obstante, resultó todo un éxito. “No sabemos qué pueda venir, estamos abiertos a todo, no tenemos miedo de asumir cualquier riesgo y tomar el reto que se nos presente”.

Testimonios

Recopilo algunos testimonios de actores y espectadores. Marcos Shaoli nos cuenta que lo que más lo hace feliz de actuar en “la caja” es el grupo, la gente con la que comparte los ensayos y funciones: “por la confianza, la sencillez, la empatía, la diversión, el ambiente que se crea es insuperable”. Por su parte, Sarah Achar, actriz, dice: “lo que más me gusta es definitivamente hacer teatro de impacto social. Creo que viviendo en un mundo donde creces pensando que el arte es menos importante que la ciencia, me parece importante pertenecer a un lugar donde, de verdad, estás convencida de que quieres cambiar al mundo”. Y agrega, “siempre he creído que el arte es una manera increíble de ayudar a los demás. Como actor y espectador te cambia, te genera muchas sensaciones y te ayuda en tu crecimiento personal. […] Sé que hay mucha gente que se siente como yo. Me encanta compartir el escenario con gente que también piensa que el arte es una manera mucho más real e impactante de ayudar a la gente”. 

Natalie Saba, actriz, cuenta: “una vez, en un ensayo que estábamos entrenando teatro Playback, para fines didácticos, conté una historia sobre momentos que cambiaron mi vida. Mis compañeros representaron los sentimientos de mi historia y no solo me hicieron vibrar, sino que me hicieron experimentar la fuerza de ver algo tan profundo representado en un escenario […]. En ese momento comprendí el alcance que teníamos”. La actriz Ruth Cohen agrega: “en lo personal, me llama mucho la atención ver las expresiones del público al terminar de actuar y ver sus emociones, porque se siente una conexión y una solidaridad que me llena el alma”. Dice también que lo que más le gusta del grupo es la aceptación, “Creo que la base de este teatro es no juzgar y eso es lo que amo de este espacio […]. Creo que vivimos en una sociedad que juzga demasiado, y a veces nos sentimos incómodos al expresarnos u opinar, por eso, contar con un espacio donde no solo no te juzgan, sino honran tu sentimientos… ¡esa es la magia de ´La caja negra´!”.

Raquel Weintraub, quien ha visto un par de funciones, y quien se siente atraída por el proyecto observa: “hacen que pienses el tema cuando lo están exponiendo y te sientas identificado con situaciones que probablemente no habías hecho consciente”. Linda Marcos, sin duda la espectadora más asidua de “la caja” dice que “es una manera fresca y diferente de ver reflejados pensamientos, alegrías, angustias, relaciones… experiencias”. 

Al terminar la función, cuatro actores se colocan formando un rombo en el centro del escenario.  Al ritmo de la guitarra, hacen un recuento de las historias que fueron contadas y representadas. Rematan con un “esta es la historia de todos nosotros”. Se colocan todos en una línea y dan gracias a los presentes, mientras el foro se inunda de aplausos. Las luces se apagan y, antes de que todos se vayan, se toman una tradicional selfie junto al público. 

 

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