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El Alcoholímetro, ¿una solución real para disminuir el número de accidentes viales?

A 16 años de su creación, se han reducido en 70% las muertes viales asociadas al alcohol.
Foto: noticieros Televisa

“Venía jugando carreritas con otro amigo, perdí el control del coche y me subí al camellón, cayéndole encima a un coche Renault que venía conduciendo un muchacho de la misma edad”. El otro chico casi muere porque se le perforó la pleura en el accidente. Desde entonces, esta persona cuya privacidad se protegerá llamándole “Javier”, lleva 40 años sobrio. Su accidente se habría evitado si no hubiera manejado luego de jugar póker con sus amigos y pagar tomando shots.

A la fecha, el 40% de los accidentes automovilísticos en la Ciudad de México involucran alcohol. Es por eso que en 2003 se implementó el programa Conduce Sin Alcohol. Javier, por su parte, agradece que exista este mecanismo que en sus inicios desplegaba alcoholímetros de forma estratégica –cerca de bares, restaurantes y bares– y aleatoria alrededor de la ciudad. Especialmente durante la madrugada, en zonas y días en los cuales existía una gran posibilidad de encontrar conductores alcoholizados.

El pasado 9 de diciembre, la Secretaría de Seguridad Ciudadana anunció que el programa quedaba modificado de forma permanente: ahora también operará durante el día. Esto es necesario debido a que casi la mitad de los accidentes viales involucran alcohol y, con o sin alcohol, son la principal causa de muerte entre las personas de 5 – 34 años de edad. México es el segundo lugar en el América Latina en muertes por accidente vial.

Si el 20 de noviembre de 1978 en Av. Conscripto hubiese estado un retén del programa Conduce Sin Alcohol, Javier habría pasado al punto de revisión. Ahí se posicionan conos o barriles que llevan a los conductores seleccionados a pasar a un carril. El personal le habría informado sobre la razón de ser del retén, posteriormente le habría hecho preguntas para detectar si era necesario realizar una prueba física. La prueba consiste en que el conductor sople en un alcoholímetro, el cual analiza el nivel de alcohol en el sistema. 

Debido al contexto, es importante y necesaria la presencia en cada retén en la Ciudad de México de dos mujeres del Agrupamiento Atenea encargadas de aportar una perspectiva de género y asegurarse de que el trato hacia las mujeres que pasen por el retén sea digno.

En caso de que luego de realizar la prueba, el resultado sea positivo, se arresta al conductor, y es llevado ante un juez y un médico (Javier, que estaba “hasta las chanclas”, habría tenido que realizar este proceso también). El médico inspecciona al individuo e informa al juez sobre los resultados, posteriormente el juez dicta su sentencia dependiendo de la gravedad del caso. Los infractores son trasladados al famoso “Torito”, un destino que es temido por todos los ciudadanos; ahí los infractores pasan de 20 a 36 horas.

Iker, a quien también se le llama por un alias, dice que estaba en condiciones de manejar una corta distancia. Salió de una fiesta en Santa Fe, iba a comprar cigarros con el auto que le prestó un amigo y volver. “Marqué .42, cuando el límite es .40… Me detuvieron y se llevó el coche la grúa. Me subieron a una patrulla, de esas que parecen pick-up, y me detuvieron ahí en el frió esperando a que se acumulara mas gente”.

De acuerdo con su testimonio, Iker pasó las pruebas que le hizo el médico, “solamente me marcó aliento etílico”, cuenta. No obstante el juez le dictó el máximo de 36 horas, por lo que iría al torito, donde han estado otras 100 mil personas desde que arrancó el programa. El describe el lugar como “espantoso”, lleno de gente detenida no solo por manejar alcoholizado, si no también por monearse y orinar en la calle.

Iker tuvo que regresar a terminar sus horas un par de semanas después, ya que se amparó cuando sólo llevaba 20. “Me ha tocado que mucha gente me marque a las tres de la mañana pidiéndome que les tramite su amparo para que puedan salir”, dice Diego Madrazo, abogado penalista.

Para el abogado, el programa Conduce Sin Alcohol sí funciona. Gracias a que éste existe y a la infamia del torito, la gente evita tomar mucho cuando maneja. Afirma además, que es de los pocos mecanismos legales donde el nivel socioeconómico no tiene un peso; “no discriminan”. No obstante, aún así llegan clientes adinerados a pedirle que logre que ya no tengan que pagar las horas, lo cual francamente es casi imposible. Esto habla bien del programa, aunque probablemente su principal problema de corrupción sea en los puntos de revisión, no con los jueces y médicos.

En un sondeo realizado a 300 personas entre 18 y 59 años de edad, se evidencía algo interesante. Ante la pregunta: ¿cuál es la razón principal que te hace decidir no conducir ebrio? con las opciones a) Chocar, b) Atropellar y c) Ser llevado al torito, sólo 8.2% respondió lo último. Esto quiere decir que no es, como cree Madrazo, la infamia del sitio donde se retiene a los conductores el principal discriminante en la decisión de si manejar o no borracho. Existe un mayor miedo a chocar u atropellar a alguien, como sucedió en el caso de Javier que lleva 40 años sobrio. 

En ese mismo sondeo, menos de la mitad admitió haber manejado bajo la influencia del alcohol. No obstante, cuando se les preguntó si algún amigo lo había hecho, 9 de cada 10 respondieron que sí. Esto significa que si tienes un grupo de diez amigos, nueve de ellos habrían señalado a uno, a otro o a ti, por manejar borracho.

El número de muertes en accidentes viales llenaría casi el Foro Sol de cadáveres: ronda las 24 mil muertes anuales. Esto, con todo y que la diputada local Alicia García Flores reporta que las muertes por accidentes que involucran alcohol se han reducido en 70% desde 2003, cuando inició el programa. Conduce Sin Alcohol funciona, pero los ajustes que se anunciaron en septiembre de este año serán bienvenidos por la ciudadanía.

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