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El despertar de Chile

Tras más de un mes de protestas en Chile, la clase política logró un acuerdo histórico en torno a una de las principales demandas de los manifestantes: el cambio a la Constitución. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Las noticias se desbordan al cubrir las protestas ciudadanas a lo largo de América Latina. Hay movimientos sociales en Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela, Nicaragua y Colombia. Las luchas que se han desatado en los países anteriormente mencionados, difieren en cuanto a exigencias e incluso ideologías. Lo que las une es la respuesta que sus respectivos gobiernos les han dado. La represión, el castigo y la violencia con la que han reaccionado las autoridades políticas de cada país como método de defensa es notorio en cada uno de dichos movimientos. Además de que las élites políticas y económicas latinoamericanas son insensibles y ciegas ante la problemática.

Es importante centrarse en Chile, pues es relativamente reciente que el país se liberó de la dictadura militar, en 1990; es decir, es la misma gente la que se levanta hoy en día a protestar y es la misma gente con miedo de regresar a lo que alguna vez vivió. 

Las protestas que se están llevando a cabo hoy en día, llevan por lo menos un mes, la gente no se ha callado, no se ha cansado y no pinta para nada, que vaya a parar. Estas protestas también son conocidas como “La Primavera de Chile”, “Chile despertó”, “Crisis en Chile 2019” y hasta “Revolución de los 30 pesos”. 

La gota que derramó el vaso y ocasionó que los ciudadanos organizaran las movilizaciones que abarcan las ciudades de Santiago, Valparaíso, Concepción y La Serena, fue el alza en la tarifa del transporte público de Santiago. El gobierno de Chile anunció a inicios de octubre de este año que el costo del peaje subiría de 800 a 830 pesos. Este aumento equivale a 0,042 dólares y cobra el mayor porcentaje en transporte con respecto al sueldo mínimo. Estas son las cifras recogidas por Tele13, un noticiero chileno producido para Canal 13, en emisión ininterrumpida.

Se dice que el alza no fue la causa principal de la revuelta, sino el detonante de la lucha por varias circunstancias. Las demandas de esta lucha son transversales y son varias las deudas sociales las que tiene el gobierno chileno con su gente. 

Las demandas de los chilenos encuentran su punto de partida en el derecho a la salud, pues el 80% de la población está afiliada al sistema privado, que se vuelve cada vez más caro y el público se vuelve cada vez más malo, además está el hecho de que las mujeres solo por eso, por ser mujeres y estar en edad fértil, se les cobra el doble de salud privada. 

Asimismo, está el sistema de pensiones, que funciona con instituciones financieras privadas que se encargan de administrar los fondos de cuentas individuales de ahorros para pensiones. Sin embargo, ese modelo instaurado por José Piñera, hermano de Sebastián Piñera, ha ocasionado que 80% de las personas en Chile reciban pensiones que son menores al sueldo mínimo, según un artículo de BBC Mundo. 

Otra de las principales demandas es la cuestión de la privatización del agua, Chile es el único país del mundo que mantiene privatizadas sus fuentes de agua desde la dictadura de Augusto Pinochet.

Por último, están las demandas estudiantiles, ya que la educación básica y media en Chile son espacios de segregación. Al tener acceso a una educación básica de calidad, se tiene prácticamente en automático el privilegio de tener una educación universitaria de calidad, la cual garantiza movilidad social. Tamy Palma, reportera chilena del periódico La Tercera, añade que no es solo la segregación la problemática, sino los préstamos de los bancos y del gobierno para los estudiantes. Una vez que acaban la universidad, los intereses son ridículos e impagables.

La lucha estudiantil en Chile, también conocida como la Revolución Pingüina, se remonta a 2006, cuando estudiantes secundarios a favor del derecho a la educación, se manifestaron en respuesta a la privatización del sistema de educación chileno, impuesta por la dictadura de Pinochet en los años setenta. Después en 2008, los estudiantes volvieron a levantarse por el incumplimiento de los acuerdos establecidos con el gobierno de Michelle Bachelet respecto a políticas educacionales. 

En el 2011 hubo una lucha en la que los jóvenes y estudiantes rechazaron el sistema que provee una amplia participación del sector privado respecto a la del Estado. Actualmente, solo el 25% del sistema educativo es financiado por el Estado, mientras que los estudiantes aportan el otro 75%. Este movimiento se volvió muy famoso por Camila Vallejo, una líder estudiantil que en ese entonces tenía 22 años y también era militante del Partido Comunista. En el 2010 ganó las elecciones internas en la Universidad de Chile y se convirtió en la segunda mujer en la historia en presidir la federación de estudiantes más importante de Chile.

Según Tamy, este es el movimiento más grande que ha ocurrido a nivel país desde que en Chile se volvió a instaurar la democracia en 1990. Esto se debe a que la movilización abarca todos los sectores sociales, no se trata solo de una lucha estudiantil, la particularidad de este movimiento es que es sumamente amplio y abarca muchas demandas y ha generado coalición en todas las clases sociales. 

A pesar de ello, este movimiento se ha caracterizado por la fuerte presencia de los jóvenes, pues ellos fueron los que empezaron las revueltas en el metro. El aumento de los 30 pesos chilenos en la tarifa del transporte público ocasionó que los jóvenes comenzaran a rebelarse y a saltarse los torniquetes. Sucede que los jóvenes siempre han sido los que llevan la batuta, los primeros en levantarse. En el caso de Chile, la lucha juvenil ha sido ejemplar, porque empezaron a movilizarse por el aumento en el peaje de adulto, no por el de los mismos jóvenes. Fue un acto de solidaridad.

Cuando comenzaron las protestas, Sebastián Piñera, quien es presidente de la República de Chile desde el 11 de marzo de 2018 y es la segunda vez que ocupa el mismo cargo, tomó una tajante decisión al sacar a los militares a la calle a controlar la revuelta de los jóvenes en el metro. Puesto que existe una generación en Chile que vivió la dictadura de Augusto Pinochet, conformada por aquellas personas que tienen más de 40 años, que al ver a los militares se indignaron, se asustaron y se angustiaron. Es por eso que la gente mayor desde la rabia y el miedo se ha empezado a movilizar. En cuanto a las generaciones jóvenes que no vivieron la dictadura, han salido sin miedo y a rebelarse ante un gobierno que quiere oprimirlos. 

Por otro lado, María Rivas, estudiante de Letras y quien cursa un semestre en la Universidad de Santiago, tiene una percepción muy distinta. Chile podría parecer el país con mayor estabilidad y mayor equidad de América Latina. Sin embargo, la mala calidad de los servicios públicos y los altos precios de los servicios privados, genera una brecha cada vez más grande entre la gente de clase alta y la gente de clase media, que va paulatinamente se están convirtiendo en clase baja. La verdadera unión social se empezó a dar hasta que la población comenzó a levantarse, “lo que está pasando ahorita es el declive del sistema que traía Chile desde la dictadura y eso va a producir un cambio. Pero para que haya un cambio primero había que llegar a un punto de declive”, añade María.

Una frase que distingue a este movimiento es la de “no son 30 pesos, son 30 años”, que refiere a que lo último que aguantó la sociedad chilena fue el alza del transporte; no obstante, esto remonta a luchas y a represiones pasadas. Lo que busca la población en Chile es una nueva constitución, puesto que la que rige ahora es de 1980, hecha en tiempos de dictadura. Paulina Salomón, historiadora universal dice que la dictadura terminó en 1990, hace relativamente poco, y es la misma gente la que está angustiada y se siente reprimida. La actual constitución se hizo en tiempo de dictadura y es imposible establecer un gobierno con una sociedad libre, mientras se tenga una constitución así de vieja y escrita en manos de un dictador. 

El Gobierno de Piñera no ha logrado restablecer el orden, ni las medidas sociales que se han tomado durante los 40 días que Chile lleva en estado de emergencia, ni siquiera el acuerdo de los políticos en avanzar a una nueva constitución han conseguido acabar con el descontento, las marchas y la violencia. Dado que Piñera quiere hacer un congreso constitucional y la gente quiere una asamblea en la que ellos mismos decidan quiénes van a escribir la nueva constitución.

Después de la dictadura comenzó un periodo al que se le llama Transición y es el proceso de restablecimiento democrático en Chile. La periodista de La Tercera menciona que esta época se caracterizó porque los empresarios chilenos se volvieron inmensamente ricos. También explica que el movimiento que está sucediendo ahora mismo, es el fin del periodo de Transición.

Ahora que hay tantos movimientos sociales y es el comienzo de un cambio mucho más grande, las respuestas y reacciones de las autoridades, en especial de Piñera, no han logrado la tranquilidad de la gente de Chile. 

Según la historiadora Paulina, esta movilización es sólo el comienzo de un cambio en el país, es un movimiento histórico y trascendental a nivel mundial. A lo que María añade, “la gente está demasiado cansada, harta y con miedo, no va a volver a someterse ni a regresar a lo que una vez fueron. A partir de ahora se genera un cambio irreversible”. A su vez, Tamy dice que “Chile está fracturado, pero la gente está unida. Lo que nadie quiere es que esto se convierta en un enfrentamiento entre ciudadanos, pero es un país totalmente diferente al de antes del 18 de octubre. Es tan diferente que hasta el libro más vendido en el país es la constitución”.

Por: Ana Mantecón

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