CDMX LGBTTTI+ movimiento Nacional

La diversidad sexual en el entretenimiento

"Una historia de discriminación, estereotipos y redención"

Han pasado exactamente 40 años desde la primera marcha del Orgullo LGBT en México, suceso que tuvo como inspiración directa los Disturbios de Stonewall en Nueva York y que entre sus veteranas contaba con Marsha P. Johnson. Dos años después, el 5 de junio de 1981, comenzaría oficialmente la era del VIH, en la que el sector social que más vulnerabilidad tuvo fue el de hombres homosexuales. 

México siempre ha sido una entidad que aspira a ser igual al Tío Sam, pero independientemente de en qué país ocurrió antes el movimiento, la finalidad es la misma: vivir en una sociedad libre de confrontaciones entre heterosexuales y personas cuya identidad sexual se sale de la colectividad heteronormada. 

En entrevista, el doctor en Filosofía Moral y Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Mario Alfredo Hernández, nos platica de la disparidad que hubo entre la marcha de hace 40 años, y la que ocurrió hace cinco meses en la Avenida Paseo de la Reforma: “si comparamos los registros históricos y documentales, pues en aquella época quizás no más de 50 personas marcharon. No es como hoy en día: una celebración de la diversidad sexual visible que convoca a miles de personas. Además hoy la marcha toma lugar en una avenida principal, en aquél entonces se hizo en avenidas aledañas de la Colonia Juárez, de manera muy clandestina. Fundamentalmente conformada por hombres gay. Actualmente, la marcha implica toda una amplitud de demandas que implican reivindicaciones culturales, de consumo, pero hace 40 años fue totalmente diferente. Toma en cuenta que hace 40 años eran dos las reivindicaciones principales: No a las razias: en aquél entonces las razias eran un operativo policiaco que llegaban de improviso a lugares de reunión clandestinos donde gente LGBT se juntaban clandestinamente, y el permiso para expresar libremente las relaciones sexo-afectivas”.

Hay que recordar que en aquél entonces, la industria del entretenimiento en México era controlada por Televisa, quien tenía prácticamente el monopolio de la televisión, en el que la barra de comedia (liderada por Chespirito) y las telenovelas eran de consumo habitual para las familias mexicanas. 

Dentro del género de la telenovela, había un retrato colectivo de la mujer como una persona frágil que necesita de la tutoría de un hombre heterosexual, pero aún más como una persona que necesitaba de la reproducción y formar una familia para poder realizarse. Todas las mujeres que se salían del modelo convencional de mujer “exitosa” eran excluidas, afectando la liberación y visibilidad de agrupaciones conformadas por mujeres lesbianas. 

Por su parte, el cine no vivía su mejor época, ya que fue en este tiempo en el que floreció el género llamado “cine de ficheras”, caracterizado por su atmósfera erótica, sus ambientes bajos y de cabaret. 

Tanto en el cine y la televisión, las siglas LGBT estaban enlazadas únicamente a los hombres gay y en ambos medios eran retratados como el motivo de burla o con tintes antagónicos. El Dr. Mario Alfredo Hernández nos cuenta que hubo dos películas que rompieron con el estigma de infamia y deshonra hacia la figura del homosexual, la primera fue “El lugar sin límites” de 1979, dirigida por Arturo Ripstein, en la que retrata, a partir de una novela argentina escrita por Manuel Puig, la homosexualidad en un espacio campestre.

La película, que aún es vigente, muestra que las conductas machistas y homófobas muchas veces van de la mano. La segunda fue “Doña Herlinda y su hijo” de 1985, en la que se cuenta la historia de un triángulo entre un hombre homosexual de clóset, su amante y su esposa viviendo bajo el mismo techo, todo esto contado en un tono cómico. Cabe recordar que en aquélla época la lucha de los derechos civiles de la diversidad sexual se topó con la lucha del VIH, la cual fue un parteaguas, porque nadie sabía a ciencia cierta qué sucedía.

Hernández comentó que medios de prensa estadounidenses y mexicanos trataron a la pandemia con amarillismo, bautizándola como “el cáncer rosa” o “el cáncer gay”. “Tengo una amiga que estuvo en la primera marcha que ocurrió aquí en México, y dijo que parte de este sentido de fiesta dentro de la comunidad se debe a que mucha gente se comenzó a morir. Ella dice irónicamente: el lunes estabas en una fiesta y el martes estabas en un funeral. Todo el mundo vió cómo se morían amigos y parientes. Eso impulsó a la comunidad a exigirle al gobierno a tomar medidas de salud. Se empieza a vincular la idea del gay y lo diverso con la idea de la enfermedad. Las primeras campañas de la No Discriminación eran campañas relacionadas a la prevención del VIH y enfocadas hacia hombres homosexuales, no existían las mujeres ni los trans”. 

Posterior a la era del VIH, en la década de los 90, tuvieron lugar grandes hitos. El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó a la homosexualidad de su clasificación de enfermedades mentales. En 1992, la drag-queen RuPaul lanzó su primera canción titulada Super Model, la cual fue todo un fenómeno contra-cultural. En el cine se estrenaron películas como Philadelphia (1993), en la que se toca el tema de las relaciones afectivas entre homosexuales y la discriminación hacia las personas con VIH. También se lanzaron otras películas como My Own Private Idaho (1991), The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert (1994), Boys Don’t Cry (1999) y But I’m a Cheerleader (1999). A finales de esta década, específicamente en el año de 1998, se estrenaría un sitcom llamado Will & Grace, tratándose de la primera serie estadounidense en horario estelar con personajes abiertamente homosexuales. Junto con otro sitcom llamado Ellen, protagonizado por la conductora de televisión Ellen DeGeneres, dieron inicio a la presencia de personajes LGBT en la televisión estadounidense, inspirando la creación de otros programas como Queer as Folk, Queer Eye y Boy Meets Boy.

Mientras, en México, se empezaron a hacer programas en pro de la diversidad sexual como es el caso de Desde Gayola, que se transmitía por el canal de Telehit. El doctor Hernández ve el programa como un buen ejemplo, así como su gama de personajes, como la actriz transgénero Alejandra Bogue; la estrella travesti Daniel Vives Ego, con su personaje de “La Supermana”, y el actor Carlos Rangel y su personaje de “La Manigüis” que, además, en un inicio fue creado para hablar de un ataque que habían sufrido unos chicos gay en el Metro por parte de unos policías. “Creo que es un buen ejemplo de un producto transgresor que encontró su propio público dentro de la propia comunidad y que no perdió su carácter distintivo, con personajes que lejos de ser “blancos”, son humanos. Creo que por eso después de casi 20 años la gente lo sigue viendo”. 

Sin embargo, el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT, recuerda con pesadumbre el caso de Raúl Osiel Marroquín. “En 2005 surgió el caso de un asesino serial de chicos gay, que iba a antros de la Zona Rosa, los ligaba, los llevaba a su casa, los drogaba, después los encerraba en barrotes, extorsionaba a las familias y una vez que recibía el dinero aún así mataba a los jóvenes. Este caso se hizo público porque el periódico “La Prensa” le dio publicidad al caso y lo llamó “El Mata Jotos” y, en lo sucesivo, los demás medios lo bautizaron como “El Caso del Mata Jotos”, en el que se responsabilizaba a las víctimas y reforzaba el estigma en los medios de comunicación”. Marroquín actualmente cumple una condena de casi 300 años en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla por los cargos de asesinato, secuestro y crimen de odio. Además, se trata de un asesino en serie (término poco utilizado en nuestro país) que ha sido comparado con otro asesino famoso: John Wayne Gacy, también conocido como “Pogo, el payaso asesino”. 

Con el pasar de los años las ofertas de entretenimiento que incluyen a personajes que se identifican con alguna de las letras de la comunidad LGBT se han vuelto cada vez más comunes, al grado de que hoy en día el nombre se ha extendido a LGBTQIA o LGBT+, en representación a los intersexuales, queer y asexuales. Ejemplos de estos personajes los podemos ver en la serie original de Netflix, Orange is the New Black, en la que el personaje principal, Piper Chapman (Taylor Schilling) es de orientación bisexual. Pero, además, la serie también cuenta con la presencia de Sophia Burset (Laverne Cox), tanto el personaje como la actriz que la interpreta son mujeres transexual. Laverne Cox incluso tiene el distintivo de ser la primera actriz con esta identidad de género en ser nominada a los premios Emmy.  

La inclusión tanto de mujeres como hombres trans resulta sumamente importante si tomamos en cuenta que el promedio de vida de una persona trans en México es de 35 años, todos muriendo bajo causas violentas. Además, debemos recordar que esto también pasa en países de primer mundo, como fue el caso de Margaret Thatcher en Reino Unido durante la década de los 80, política que se caracterizó por su ideología conservadora y propuso leyes anti LGBT+ durante la era del Sida. Recientemente, la Suprema Corte de Estados Unidos también le permitió al presidente Donald Trump vetar a personas transexuales del ejército, sin importar que estas personas quieran formar parte la milicia.

La polémica acerca de los derechos de las personas trans aumentó cuando un mismo miembro de la comunidad, la drag queen más influyente de la cultura mainstream contemporánea, RuPaul Charles, dijó en una entrevista realizada a principios de 2018 que no admitiría a mujeres transexuales para participar en su programa, RuPaul’s Drag Race. 

Más tarde, el mismo RuPaul pidió disculpas por sus declaraciones, admitiendo que sonaron discriminatorias y que cometió un error al expresarse de esa manera. Viendo el lado positivo la presencia de RuPaul en la industria del entretenimiento en estos momentos, es que dignifica a la comunidad drag volviendo mainstream algo que antes era contracultural como lo es el arte del transformismo, pero sin perder su toque revolucionario. 

OITNB y RPDR no son los únicos programas que han explorado las distintas dimensiones y espectros de la diversidad sexual y de género además de la homsexualidad masculina y femenina. La serie animada BoJack Horseman cuenta con el personaje de Todd Chávez, quien se identifica como asexual (ausencia de orientación y deseo sexual), un tema poco concurrido en los medios de comunicación. 

Al cuestionar al doctor Mario Alfredo Hernández acerca de las minorías dentro de otras minorías más grandes y de la discriminación que sufren dentro de su propia comunidad, explicó que “cuando vemos históricamente los movimientos de liberación de la diversidad nos damos cuenta que le debemos mucho a los movimientos feministas. El feminismo nos enseñó que no hay una sola manera de relacionarnos con nuestro cuerpo. 

Uno tiene la oportunidad de reivindicarse con su cuerpo, su sexualidad y su afectividad. Sexualidad y afectividad no van juntos. Antes solíamos decir relaciones sexo-afectivas, pero pensar que lo sexual y lo afectivo están vinculados es profundamente conservador. Si llevamos hasta las últimas consecuencias esta aportación del feminismo, nos damos cuenta de que puede haber gente que no quiere relacionarse sexualmente con nadie y que está bien. ¿Por qué no se ha visibilizado? Porque históricamente hay discriminación en el interior de los grupos discriminados: discapacitados, en discriminación de género, y esa misma exclusión se reproduce en el colectivo LGBT. Hay todo un debate acerca de si son orientaciones sexuales o preferencias sexuales. Si decimos preferencias parece que “preferimos” algo y lo escogemos con libertad como la ropa o la comida. Se vuelve algo frívolo. Pero si decimos “orientaciones” parece que es algo que está naturalmente determinado, se orienta de manera espontánea y no condicionada”. 

Ante toda esta nueva cotidianidad de personajes LGBT en el entretenimiento Hernández advierte de un nuevo reto: homogeneizar a los homosexuales. 

¿En qué consiste esta homogeneización? Creamos un estereotipo de lo que es ser “un buen gay”,”una buena lesbiana”, “un buen trans”, por dar algunos ejemplos. No pensar qué hay dentro de los gays, lesbianas, trans, intersexuales, asexuales y pansexuales… hay toda una diversidad de personalidades, características físicas, ideologías o gustos.

Este problema surgió a raíz de que se han dado representaciones exageradas de la comunidad, especialmente hacia hombres gay. Dichas representaciones consisten en mostrar en pantalla a un hombre de personalidad extravagante, amanerado, mejor amigo de una mujer heterosexual, experto en moda y actitud de diva. El caso más reciente que se ha presentado ha sido en la próxima película de Disney, Jungle Cruise, que aún si haber salido comercialmente en los cines ya causó controversia por tener a un personaje con dichas características y muchos críticos lo han encontrado ofensivo. Dicho personaje es interpretado por el comediante británico Jack Whitehall, quién es heterosexual en la vida real, situación que no ha mejorado a calmar la polémica. 

Los estereotipos a los que ahora se enfrenta la comunidad LGBT+ se extienden en cuestiones relacionadas a la apariencia. Este caso se acentuó con la película dramática Call Me by Your Name (2017), que cuenta con la participación de Timothée Chalamet, actor que ha impuesto un nuevo canon de belleza masculina en Hollywood al ser un hombre de complexión extremadamente delgada, algo que entre la comunidad se le llama por el nombre de twink. Este también es el caso de Aristemo, pareja conformada por Aristóteles y Cuauhtémoc en la telenovela Mi marido tiene más familia, en la que parte de su aceptación se debió a que se tratan de jovencitos delgados y bien parecidos y el público “les perdonó” ser gays. 

El doctor Hernández comentó que la discriminación por apariencia, dentro de la comunidad y por miembros de la misma, incluso en solicitudes de empleo en las que exigen “buena presentación”, termina siendo muy subjetivo, porque cada quién puede entender algo distinto. Recuerda la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos, movimiento fuertemente ligado a la discriminación por apariencia. En los 60, cuando empezó la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos se acuñó un lema: Black is Beautiful. Había toda una representación de las personas afroamericanas como personas feas, rudas, sin cultura. En aquella época la comunidad LGBT también crea un lema: Gay Is Good, que deconstruye toda esta idea de que lo gay es algo degenerado. La clave es no homogeneizar, aceptar que hay toda una diversidad de gays”.

Todos estos referentes sociales (homofóbicos y no homofóbicos) presentes en la televisión, en el cine y la prensa han ayudado a que niños, jóvenes y adultos se vayan enfrentando con su sexualidad de manera más profunda a partir de nuestro poder como consumidores. 

Como en el caso de Jaime, un profesionista de 30 años, comenta que la película “Prayers for Bobby” (2009) es una buena representación de su historia de vida en asumirse como homosexual. Cuando se le preguntó a Jaime cuándo supo que es gay contestó: “siempre lo supe aún de niño, yo sabía que era diferente. Siento que todos lo sabemos desde el primer momento, de pequeños es muy difícil discernir la verdad, pero al final del día supe que era diferente y que esa corazonada que tenía por aquellos gustos “atípicos” era lo que me hacía preguntarme , ¿por qué  me gustan cosas que no son comunes en un niño? Cosas que son más comunes en una niña, como el color rosa, por ejemplo. Así que ahora a mis 30 años, se que lo supe desde siempre, porque uno lo sabe, solo que no sabe cómo lidiar con eso”.

Jaime comenta haber crecido en un ambiente familiar que él describe como tradicionalista, machista y con costumbres de pueblo muy arraigadas. El año en que su familia se enteró de su orientación sexual, lo describe como el año más caótico y desagradable que vivido hasta ahora. “Me echaron a la calle pensando que solo así se borraría aquel trago amargo que les hice pasar, lo tomaron muy mal. Lo peor es que no se enteraron primero por mi, ellos ya lo sabían, pero a veces es más fácil tapar el sol con un dedo que afrontar la realidad. Mi mamá se enteró por una carta que un galán me mandó que dejé olvidada en mi chamarra”. Aún recuerda los ojos con los que lo miró su madre aquél día: frívolos y acusadores. 

A pesar del rechazo que recibió por parte de su madre en aquél entonces, Jaime no le guarda rencor, e intenta comprender su reacción inicial tomando en cuenta sus circunstancias. “Ahora sé que es muy difícil hacer que otra persona te acepte, porque no lo hacen a propósito; yo siento que ellos han sido así toda la vida, por sus costumbres. Uno tiene que entender que es difícil quitar eso de la noche a la mañana y pensar que todo será normal. En ese entonces así era para mí. Yo tuve que adaptarme a ellos y no ellos a mí. Fue muy difícil”. 

Por fortuna, Jaime vive hoy por hoy una vida plena y feliz. Ahora su familia lo acepta, aunque bajo sus estereotipos. “Mi camino de aceptación ha sido y será diario”, proclama. Agradece y celebra que exista mucha más aceptación y difusión de estos temas en medios de entretenimiento y en generaciones más jóvenes, ya que cada vez se ve con más normalidad un proceso que nos es fácil de sobrellevar. “Hay que apoyar este cambio para que las próximas generaciones vivan sin este tabú”. 

Jaime cerró su caso con el siguiente mensaje: “lo único que puedo decir es que abracen lo que son y quienes son. Una vez hecho eso, lo demás será más fácil”.  

El doctor Hernández, por su parte, pide a los comunicadores crear contenidos a partir de plantear cómo ayudar a aquellas personas que están definiendo su orientación sexual e identidad de género sin tampoco censurar otro tipo de discursos, aunque estos sean homofóbicos.

Cabe recalcar que no está de acuerdo con estos discursos, pero quitar la pluralidad y el contraste entre distintos mensajes, tanto a favor como en contra de la comunidad LGBT+, iría en contradicción con el ejercicio democrático por él se ha estado luchando desde hace cuatro décadas.

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