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Fotoperiodistas cubriendo la lucha feminista en México

“La vi y me vio, como siempre en cada marcha que ella iba a protestar y yo a cubrir. Sonreímos, nos saludamos, le dije que se cuidara y nos despedimos. Mientras me alejaba, recordaba la promesa que algún día le hice: 

`Un día te voy a hacer una foto más bonita, donde no cargues cruces rosas y los medios internacionales te agarren para representar los feminicidios en México.´

Volteé a verla y a lo lejos percibo que se iba a dar el momento. Veo cómo saca una bomba de humo y decide prenderla. Corrí lo más rápido que pude hacia ella. Me tire al suelo, apunté hacia el cielo, enfoque y capturé. Fue así como saldé la deuda con mi hermana.” Cuenta Sashenka, fotoperiodista de la agencia EFE en México.

Marcha 16 de agosto de 2019 / Sashenka

* * *

A los 14 años le pedí a mi papá que me regalara mi primera cámara porque quería dejar de pedirle a mi tía la suya. A partir del día que me la dieron siempre cargué con ella. Nunca pensé que el pasatiempo que me entretenía de adolescente terminaría siendo a lo que me quisiera dedicar el resto de mi vida. 

El fotoperiodismo, como toda la rama del periodismo, se ha segmentado y vuelto casi exclusivo para el género masculino, dejando desplazadas a las mujeres del poder de la pluma y la cámara para contar historias. 

Según un artículo de Espacio Gaf de 2017, México sólo cuenta con dos mujeres por cada 10 hombres fotoperiodistas. Cifra que deja en evidencia la posición que tienen las mujeres, específicamente dentro de la rama del periodismo. Pero se debe ver más allá de los números, no solo es el sistema institucional del medio el que no permite que se diversifiquen las historias, sino el sistema social en el que se encuentra México aún hoy en día. 

Al contarle a mi madre sobre mi posible especialización dentro de la carrera de comunicación, su reacción fue: “No, Fer, ¿qué no ves en las noticias que matan periodistas a cada rato?” No pude refutar nada, pues tenía razón. 

La organización de periodismo independiente y de investigación con perspectiva de género Comunidad e Información de la Mujer (CIMAC), realizó una investigación de violencia contra mujeres periodistas durante 2012-2018. En esta investigación se descubrieron 422 casos de violencia en 31 de los 32 estados del país, siendo feminicidio seis de ellos.

Durante un tiempo me vi obligada a repensar mis decisiones de vida por el temor que mis allegados me transmitían. No fue hasta que mi fervor por contar historias, a través de la captura de luz en papel, me quitó el miedo a cargar con cámara en mano y hacerlo profesionalmente en un futuro.

El feminismo en México lleva años asentado como teoría, pero no fue hasta hace 11 años, cuando empezaron las manifestaciones. Durante la creciente curva de violencia en contra de periodistas en los años 2009 y 2010, surgieron varias protestas feministas por los asesinatos de periodistas mujeres y activistas; pero aún no se les daba la cobertura necesaria. 

No fue hasta 2015 cuando la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y las madres de víctimas de feminicidio o desaparición forzada crearon una lucha de manifestación intensa en las calles. Año donde aparecieron las cruces rosas de Ni una menos y las ofrendas de noviembre dedicadas a las muertas y a los estudiantes.

#NiUnaMenos (2015) / Sashenka

Los medios aún no notaban que la lucha feminista debería integrarse a la agenda, pero algunas fotoperiodistas pensaron lo contrario.

“La lucha feminista sólo se cubría si alguien lo proponia”, cuenta Andrea Murcia, fotoperiodista de Cuartoscuro.

Un año después, ya no fueron sólo las ofrendas, sino las caracterizaciones del feminicidio. 

Recuerdo las noches cuando acompañaba a mi abuelo a ver las noticias y de pronto surgían reportajes de mujeres marchando por las calles de la ciudad caracterizadas de catrinas, gritando consignas y portando con gran singularidad un morado típico de la época.

Mujeres caracterizadas de catrinas marchan para pedir se ponga un alto a los feminicidios (2016) / Sashenka

“Revisando mis fotos encontré algunas de las primeras marchas pro aborto, donde las manifestantes no eran más de 500. En aquellos años no se veía tanto el color verde, morado o los pañuelos. La cobertura de la lucha empezó con fuerza hace dos años cuando las chavas salieron a las calles y dejaron de tener miedo.”, comenta la fotoperiodista de la agencia EFE.

Yo no sabía el por qué marchaban y algunas hasta lloraban, pero poco a poco fui adentrándome en el tema. Afortunadamente un año después entré a la carrera de comunicación en la Universidad Iberoamericana y comencé a tener acercamientos teóricos de medios masivos, agenda política y pública, análisis de movimientos sociales y por supuesto, de teoría feminista, que me permitieron abrir mi espectro, apoyar y ser activista en el movimiento.

Durante los debates que se realizaban en clases, era casi imposible no ejercer un discurso feminista y más cuando la contraparte argumentaba sin información algunos temas relevantes dentro de la lucha. Después de salir de esa clase en específico, comencé a divagar y a preguntarme si en algún futuro podría separar mi profesión de mi identidad o si podría mezclarlas sin dejar de ser ética, a lo que concluí que sí, trabajando bajo una perspectiva de género.

“El fotoperiodismo no es activista, pero puedes elegir hacer tu trabajo con perspectiva de género. Trabajar con perspectiva de género es solamente trabajar con ética”, exclama la fotoperiodista Andrea.

Segundo día de la toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) 
por el frente Nacional feminista #Niunamenos 
y familiares de víctimas de desaparición forzada/ Andrea Murcia

En mayo de este año el Museo Archivo de la Fotografía de la Ciudad de México realizó conversatorios vía Zoom para amenizar la cuarentena. Uno de ellos fue sobre la aportación fotográfica de mujeres en México, donde se realizó una valorización de empoderamiento a través de la captura de la imagen. 

El discurso que destacó entre las ponentes fue que: en el fotoperiodismo se deben tomar decisiones que hagan mínima la violencia de género, eviten la réplica de estereotipos y la distorsión de la imagen de la mujer.

No fue hasta el 16 de agosto del 2019 donde me armé de valor para ir a marchar, pero también para ir a documentar y capturar desde mi vivencia lo que es el activismo feminista. 

Salí de la escuela temprano, regresé a casa, comí y me dirigí hacia el Metro Toreo, el cual queda a 10 minutos en carro. Me había puesto mis jeans estilo militar, una playera “feminista”, cargaba con una mochila con agua, leche, cargador de celular, chamarra, y mi cámara. 

Al entrar al Metro, mi análisis comenzó. Al ver los diferentes tipos de mujeres que me rodeaban, con todo y sus diferentes contextos y luchas, pude percatarme que lo que nos une es la protesta. Todas protestamos. Unas mediante susurros, otras, por la educación que les dan a sus hijas e hijos, con su pensar, vestimenta, argumentos, literatura, con lágrimas y enojos… pero todas y cada una de nosotras protestamos. 

Al salir, tuve un momento de pánico, emoción y ansiedad, pero con ganas de tomar mi cámara y perder el miedo de acercarme a las personas y tomar fotografías. 
Eran las 17:48 horas y aún había pocas mujeres en el Metro Insurgentes. Recuerdo que en medio de la plancha existía un open mic, donde varias mujeres cantaban, rapeaban o contaban sus vivencias. Después, empezaron a llegar en grupos grandes, con carteles, diamantina rosa, ropa negra, pañuelos morados y pasamontañas.

Al ver y sentir la confianza que me transmitían las mujeres que estaba fotografiando, perdí totalmente el miedo y la pena hasta que surgió el primer “Oye, borra eso. No me puedes tomar fotos.” Esa orden cortó mi confianza y comenzó a brotar de nuevo el miedo. Supe hasta después de esa marcha el por qué de la orden; es un asunto de seguridad.

A las 18:43 horas, la plancha del Metro insurgentes ya estaba casi llena y comenzaron a juntarse varias colectivas para dar lectura al pliego petitorio; después inició la marcha. 

Entre consignas, gritos, llanto y risas, solo veía que periodistas entrevistaban a las diferentes manifestantes, mientras que su camarógrafa enfocaba rápidamente. No había momento en el que no existiera alguna mujer del medio cubriendo la marcha. Eran más ágiles que yo, con mejores herramientas y mayores medidas, pero eso sólo me hizo anotar mis deficiencias para la próxima vez. 

De pronto, los disturbios comenzaron y con ellos los hombres fotoperiodistas hicieron su aparición para cubrirlos. Protegidos completamente, para evitar cualquier incidente físico, se acercaban a las mujeres de bloque negro para obtener lo que los medios venderían bien: la imagen sensacionalista donde mujeres violentas realizaban  destrozos en las paradas del Metrobús. 

Algunos de los espectadores que se encontraban atrapados en las paradas o salidas del Metro comenzaron a pelear verbalmente con las mujeres. Las periodistas exigían que los compañeros hombres salieran y dejaran de tratar de obtener el video o foto de los destrozos, porque muchas cosas podrían salir mal, a lo que no escucharon.

“Es importante darles voz, escuchar a las chicas. No son solamente las que salen a la calle con rabia; detrás hay una historia. Me gusta fotografiar a las chicas con dignidad;  no las denigro ni cuando están desnudas o mostrando los pechos. Siempre trato de retratarlas como valientes, guerreras.” Responde Sashenka después de preguntarle sobre su trabajo de  perspectiva de género.

Integrantes de colectivas tomaron la sede de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) 
para que solucionen las demandas de varios familiares 
de víctimas de abusos y desaparición / Sashenka

Volví a casa, con mucho dolor de pies, cansancio corporal y olor a humo, sudor y traslados de metro y combi. Llegando, prendí la televisión y lo único que los medios ya habían posicionado era una marcha ultra violenta, extremista y radical. 

En los medios solo existían notas amarillistas o sensacionalistas, fotografías de mujeres dañando el Ángel, incendios en la Estación de Policías y agresión a reporteros. El movimiento feminista, en su pleno apogeo en México, había sido denigrado, cuestionado y tachado por la sociedad mexicana. 

En febrero de 2020, la prensa, considerada como amarillista de México, «cometió el error más grave» que pudo haberse imaginado en un contexto en el que el movimiento feminista estaba a flor de piel. En primera plana y mediante redes, volvieron viral el feminicidio de Ingrid Escamilla, donde podía verse el cuerpo ensangrentado, destazado y tirado en el suelo de un departamento. Fue así que el movimiento volvió a resurgir y con más fuerza. 

Desde la cobertura de las manifestaciones de 2019, los medios habían cometido error tras error. Periódicos como el Metro, El Gráfico, Alarma, La Nota Roja, La Prensa, entre otros, a través de los años se han dedicado a formar una línea editorial peculiarmente sangrienta, sensacionalista y sexista. El problema es cuando el contexto cambia y se les empieza a cuestionar el discurso, el sistema y el andamiaje para crear notas periodísticas. 

“En el ámbito profesional, el medio aún es muy machista y amarillista, pero ya están haciendo que se inculque trabajar con perspectiva de género. Están siendo obligados desde que pasó lo de Ingrid, yendo a una reflexión de cómo cubren y publican temas de feminicidio o desaparición forzada», dice Andrea Murcia.

Marcha en apoyo a las mujeres del estado de Veracruz 
para la legalización 
del Aborto, seguro y gratuito / Andrea Murcia

Debido a la pandemia, la lucha feminista en las calles paró, para ahora visibilizar la violencia doméstica que muchas mujeres sufren día tras día. Las cifras oficiales por parte del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública (SSESNSP), informaron que solamente en el mes de marzo las llamadas al 911 y otras líneas alternas de denuncia de violencia de género incrementaron 23 por ciento en comparación al mes de febrero. El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública reportó un aumento de 32 por ciento durante el mismo lapso de tiempo en la Ciudad de México. 

La violencia no se detuvo, pero el acto de evidenciarlo a través de la protesta, sí. Todo cambió con la toma de la CNDH. El 4 de septiembre, de manera pacífica Integrantes del colectivo “Ni una menos México” tomaron la sede de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), con el fin de que autoridades correspondientes resuelvan por completo las demandas de varios familiares de víctimas de abusos. Fue ahí cuando surgió la famosa foto de la intervención del cuadro de Madero, a la que se refirió el presidente Andrés Manuel López Obrador en una de sus Mañaneras y dijo: “el que afecta la imagen de Madero o no conoce la historia, lo hace de manera inconsistente o es un conservador, es un proporfirista”.

Toma de la CNDH / Sashenka

Fue a través del trabajo fotoperiodístico de Sashenka y Andrea Murcia con el que pude entender qué es una cobertura con perspectiva de género y la importancia de esta.

Al ser consciente de que tendría la oportunidad de entrevistarlas, una de las primeras preguntas que surgió en mi mente fue: ¿piensas que tu trabajo ayuda de alguna manera a la lucha feminista en el país?, ¿por qué? A lo que Sashenka me comentó:

“Sí ayuda porque mucha gente no sabe lo que está pasando o no entiende. Por ejemplo, yo le enseño mi trabajo a mi mamá. En parte se preocupa pero por otra se sensibiliza. Eso hacemos nosotros, sensibilizar a las personas a través de una imagen. Las mismas chicas que se ven en mis fotos les gustan, me lo han dicho. Se ven en el espejo de una manera y luego las fotografío como guerreras, valientes y no se imaginan así hasta que ven la foto.”

Hoy en día soy más consciente de mi posición dentro del sistema social, por ahora sólo ejerzo como estudiante con aspiraciones a fotoperiodista, pero debo de comenzar a educar la mirada, reforzar mi ética y moral, para que el día de mañana pueda ejercer un papel ejemplar dentro de la industria de los medios masivos de comunicación.

Ahora tendré que perder el miedo a la pandemia y no a la cámara, a la ansiedad de salir y estar rodeada de personas y al pánico de réplicar discursos machistas y encuadres amarillistas  a través de mi lente.

“Yo soy una feminista/reportera con perspectiva de género, pero para llegar ahí ejerzo un proceso constante de deconstrucción y aprendizaje”. Andrea Murcia.

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