Brujería Crónica

Ser wiccan en el siglo 21

Vero es una mujer adulta que a su vez es madre, oficinista, esposa y una bruja Wicca. Esta crónica es sobre ella y cómo vive su espiritualidad.

Es el primer día del mes. Un niño de 9 años se acerca a su madre con entusiasmo “¡Hoy es el 1 de septiembre, mamá! Toca prender la vela”. Ella sonríe. Como cada mes, se acerca a su altar y prende la Llama de la Diosa. Frente a la vela está la imagen Bridget, su deidad celta favorita. 

Su hijo no sabe con certeza por qué su madre prende una vela mes con mes. Vero decidió hace muchos años que no le diría el porqué a Fernandito hasta que él tuviera la edad suficiente para entender y elegir. Aún está muy pequeño para comprender que el mundo tiene un cierto estigma sobre personas como ella: una bruja Wicca hecha y derecha.

¿Wiccan-qué?

Hace 15 años que Vero se divorció del catolicismo para seguir la Wicca. Esto, para aquellos que no lo saben, es una religión neopagana que retoma creencias chamánicas de hace cientos de años y las mezcla con conceptos modernos. Scott Cunningham, una de las más grandes eminencias de Wicca, la define como “una religión pagana libremente organizada que se enfoca en la reverencia a las fuerzas creativas de la naturaleza, usualmente simbolizadas por una diosa y un dios”. 

Platicando con Vero, ella me explicó más a profundidad el origen de esta fe. La Wicca nació en Inglaterra en 1954 con Gerald Gardner. “Este cuate revivió las prácticas inglesas de la brujería y creó lo que se llama Wicca. Mucha gente cree que es antiquísima, pero no para nada. Se retoman prácticas muy antiguas y las incorporan a conceptos modernos creando un híbrido de brujería moderna”. Ella continuó: “más allá de la cuestión de brujería, la Wicca es una de tantas ramas de lo que se llama neopaganismo es decir que revive las antiguas religiones paganas”.

La Wicca es muy extensa. Cada coven elije a su propio panteón o grupo de deidades. Vero, por ejemplo, es una Wicca celta y adora a los dioses y diosas célticas. También están las gardnerderianas y las diánicas. Esta últimas es una rama muy específica y muy conocida de la Wicca. Sus covens están conformados por puras mujeres lesbianas que relegan por completo a la figura masculina. A Vero esto le parece una aberración, ya que, desde su punto de vista, la Wicca debe tener un balance entre lo masculino y lo femenino. Sin embargo, al ser una religión tan abierta sí está permitido que existan vertientes de este tipo. 

Una infancia común… o no

A Vero le gusta que no sea nada impositiva su fe. De hecho, fue una de las razones por las que le atrajo este camino espiritual. Antes de conocer este mundo mágico, ella se consideraba católica. Toda la vida asistió a escuelas de monjas. Se sabía de memoria el padrenuestro, celebraba las navidades, asistía a misa y se confesaba por sus pecados. Era rutina para ella, parte del status quo. Creía en eso porque tenía que hacerlo, pero siempre hubo algo ahí que no la terminaba de convencer. 

Desde joven le ha gustado mucho la literatura fantástica. En realidad, todo lo esotérico le ha llamado la atención desde siempre. Este gusanito que habitaba dentro de ella la molestaba de vez en cuando para asomarse dentro del mundo mágico. Ella reprimía esa curiosidad porque en la escuela le enseñaron que todo lo que no está en la biblia es una herejía. Aún peor, ella creció con la idea de que las brujas simbolizan a “una mujer mala, satánica que hace hechizos para convertir a los hombres en sapo o para echarle mal de ojo a los bebés”; creer en esas cosas era del diablo. Persona que creyera en eso, persona que se condenaba para la eternidad en el infierno. Este temor la detuvo por muchos años de romper con estas creencias y meterse de lleno a lo que le gustaba: la Wicca

De pronto, un día Vero comenzó a cuestionarse aquellas creencias heredadas e impuestas tanto por la escuela como por su misma familia. Hizo a un lado el imaginario que había construido en su cabeza y empezó a abrir ventanas a otros mundos. Le pregunté cómo sucedió ese cambio, a lo que ella respondió: 

“Lo que me alejó fue este rollo del pecado eterno. Esa noción de que naces pecador, toda la vida eres pecador y, a pesar de que ya vino Cristo a salvarnos, sigues siendo pecador. Además, no me gustaba este rollo bíblico donde la mujer es relegada. Dios la crea porque el hombre está solo; al él lo crea de su imagen y semejanza mientras que la mujer es sacada de un pedazo de su costilla. Encima de todo, la mujer siempre está ligada a lo malo, lo pecaminoso, a la culpa. Ella nunca tiene el mismo estatus que el hombre dentro de la iglesia”. 

De católica a bruja

Ella ya había comenzado una búsqueda por una alternativa espiritual que lograra responder cuando se encontró con un libro que cambió su vida por completo. El texto fue escrito por una mujer llamada Verónica Hernández y se titula “Wicca: la magia de la naturaleza, sus principios, prácticas y rituales”. Compró el libro, lo llevó a casa y comenzó la lectura. A ella ya le movía desde antes este rollo místico, por lo que terminó de encajar perfecto en su filosofía de vida.  

Vero ahora me cuenta qué fue lo que le llamó la atención ese primer instante: “Tiene fundamentos muy lindos donde tú te creas tu propio cielo o infierno. Eres responsable de tus actos. Dios no es bueno ni malo, sólo es. Existe lo bueno y existe lo malo, hay un balance con el que vives y eres parte de la naturaleza; eres parte de ese ciclo de vida muerte y resurgimiento. Wicca tiene preceptos muy bonitos que a mí me hacen mucho más sentido”. 

La autora de ese libro se convirtió en su mentora. Resulta que es sacerdotisa en una escuela de magia llamada “Círculo Wicca” ubicada en la colonia del Valle, Ciudad de México. Entendió, al entrar, que Wicca es el camino de la sabiduría. Eso mismo me lo repitió otra bruja con la que hable llamada Mabel Luna. La bruja es una persona sabia. Es la gran esencia de esta religión

Lo segundo que le enseñaron, fue a quitarse el estigma de la palabra “bruja”. Fue un proceso de deconstrucción para olvidar ese imaginario colectivo de lo que significa ser una bruja. Las series como “El mundo oculto de Sabrina” o películas como “La Bruja” han ayudado a crear una imagen de este concepto. Suele estar ligada a lo obscuro, lo fantástico, lo tenebroso incluso. Es también un concepto “antiguo”. Son historias del siglo XVIII cuando las cazaban y quemaban públicamente. Ella tuvo que las wiccans no se asocian con nada de eso. Para ellas existen muchos matices. Las cosas no son buenas ni malas, sólo son. 

También aprendió sobre la magia. “Para las wiccans la magia existe, pero es tu capacidad energética personal para lograr modificar las cosas. No es magia tipo Harry Potter ni de abracadabra y ¡pum! levitan las cosas. La magia es el Poder Personal, si lo ejercitas, meditas y lo cultivas te vuelves capaz de transformar tu realidad”. Existen rituales que te ayudan a practicar este Poder Personal y poderlo transformar. 

En “Círculo Wicca” le enseñaron varios tipos de magia. La primera fue magia natural: los cuarzos y las piedras tienen una carga energética que puedes usar a tu favor. También aprendió de herbalismo: las propiedades de las plantas y cómo usarlas para sanar. Luego pasó por un curso de magia lunar y al final uno de magia solar. Estos dos últimos van ligados a sus festividades: los Sabbat y los Esbat. 

Halloween y otras festividades

Vero se considera una wiccan espiritual. Esto quiere decir que sí celebra los solsticios y las lunas llenas, pero no se junta con un coven o abre círculos. Ella me vio muy intrigada por la parte práctica de su religión. Se notaba en nuestras pláticas que yo tenía mucho interés por saber qué se hacía en estos “círculos Wicca”. Es por eso que me presentó a una amiga suya llamada Mabel Luna. Esta bruja no es wiccan, ella pertenece a una línea de la brujería llamada “Divinidad de la Diosa”. Además de ser antropóloga, filósofa y empresaria, ella es una profesora de magia y brujería. Es una mujer que sabe muchísimo y tiene una curiosidad nata. 

Mabel me tomó por una alumna más. Es claro que esto de enseñar se le da natural. Me explicó que las brujas basan sus celebraciones en el calendario mágico o rueda del año: “quítale el rollo de la magia que sí está bien chido. Realmente son calendarios agrícolas porque marcan las cuatro estaciones más importantes que son equinoccios y solsticios”. En este calendario están marcados los 13 esbats (celebraciones de Luna Llena) y 8 Sabbats (equinoccios y solsticios del año). Dentro de estos últimos está Mabon, por ejemplo, que se celebró el 19 de septiembre y el que está por venir es Samhain que se celebra el 31 de octubre. 

“En las líneas mágicas espirituales el 31 de octubre al 1 de noviembre es el Año Nuevo Mágico. Por eso es tan importante. Es la noche de las brujas. Es nuestro Año Nuevo. Samhain es la última oportunidad de lo que se cosechó en el año para guardarte en el invierno. Lo que alcanzaste a hacer y cosechar con eso te la chingas todo el invierno y te esperas hasta la llegada de la luz que es cuando se descongela todo” me platicó Mabel. 

Las y los wiccans se reúnen en bosques o espacios abiertos con túnicas negras para celebrar la noche con su coven. Llevan platillos cocinados con lo último que les da la tierra: calabaza dulce, manzanas, uvas, camote, etc. Beben sidra, café o una rica infusión de canela y manzana. También montan un altar con imágenes, dibujos o cualquier otra cosa que represente a sus deidades. En estos altares se pone un caldero que contenga un aspecto de su vida del cual deseen liberarse: un mal hábito, una enfermedad, malos sentimientos, etc. A lo largo de la noche abren un círculo para llamar a sus dioses y diosas y que estos, al captar la energía del círculo, perciba el trabajo mágico.

Dentro de este espacio, se ponen a meditar o hacer alguna actividad juntos tal como el tallado de calabaza para entrar en resonancia entre ellos y con la naturaleza. Se aprovecha este espacio para dar las gracias por su año y darle un aliento de muerte a todo lo que ya no necesitan: relaciones tóxicas, enfermedades, algún trabajo, etc. Al igual que el resto del mundo, beben, brindan y pasan un buen rato juntos. 

El closet de las escobas

Vero solía participar en estos eventos. Hace un rato que no se junta con algún coven para practicar y celebrar en compañía rituales como el Samhain. Ella vive desde hace 6 años en Querétaro y es mucho más difícil encontrar gente que practique su religión. Sabe que se tiene que andar con cuidado de que la gente no se entere sus verdaderas prácticas. Es como el dicho de “pueblo chico, infierno grande”. La población es mucho menor a la de la Ciudad de México (evidentemente), por lo que prefiere mantenerse en el “broomcloset”. 

Ella ha “salido del closet de las escobas” con muy poca gente en realidad. Su esposo, Fernando, definitivamente sabe que es wiccan; sus dos mejores amigas no saben con certeza qué es lo que practica, pero saben que anda en un rollo distinto; su sobrina y la familia nuclear de ella también lo sabe. Fuera de esta reducida lista, no hay nadie más que sepa a detalle que ella es pagana. En un país tan católico como lo es México, es muy difícil ser abierta con creencias que se salen tanto del lugar común. 

Me contó de la vez que una encuestadora del INEGI le preguntó qué religión tenía a lo que ella respondió que era pagana

“¿Cómo?” contestó la señora. 

Pagana” repitió Vero. 

“¿Paganini?”
“No, señorita. PAGANA”. 

“¿Qué es eso?”

“Que creemos en varios dioses”

Vero y yo nos reímos al terminar el relato. La risa empezó a desvanecer, “me puso unos ojos de que si me hubieran crecido unas antenas y una cola. La gente en este país no entiende lo que es el paganismo. Muchos ni siquiera han escuchado la palabra Wicca. Por supuesto que sí tú dices ‘brujería’, inmedeatamente piensan en la gente que hace mal de ojo; piensan en el brujo de ecatemaco: la brujería chamánica, indígena que tenemos aquí. No tienen idea de lo que es Wicca. Es por eso que prefiero decir que soy agnóstica”.Sus padres tampoco saben que dejó de creer en el catolicismo. Un día su mamá casi se entera por culpa del hijo de su sobrina. Quedaron de verse para comer en una plaza hace 9 años.

Fernandito tuvo su wiccaning ese mismo día por la mañana. Verónica Hernández ofició el bautizo espiritual y varias compañeras del Círculo Wicca asistieron con túnicas blancas al círculo mágico. Vero invitó a su sobrina con sus hijos. “Yo creo que fueron un poquito mordiéndose el labio como que no sabían si reírse o verlo con respeto”. Terminando el evento, fueron todos juntos al centro comercial a comer. Entra pláticas y risas, al hijo de su sobrina se le salió mencionar algo sobre el wiccaning. La madre del chico le metió un pisotón tan grande que gritó y de pronto todos comenzaron a reírse fuertemente. La mamá de Vero nunca entendió el chiste. Eso fue lo más cercano que estuvo de enterarse.

El pentáculo en su cuello

La wiccan habla conmigo de una manera tan casual del tema que no pareciera que fuera algo tan íntimo para ella. No es algo que le avergüence, para nada. Le gusta ser una bruja. Le gusta haber encontrado un camino que la haga sentirse tan autorrealizada. Ella misma me lo dice: no es algo que le de pena decir, sólo elige muy bien con quién hablar del tema. Sabe que existen muchos prejuicios sobre la gente neopagana

Ella trabaja en el área de finanzas de un despacho de abogados. Su jefe es católico del Opus Day. Es alguien muy conservador que si llegara a ver el pentáculo que trae colgado Vero en el cuello, se muere. Me contó de una vez en la que una de sus compañeras del trabajo estaba leyendo “El código Da Vinci” en la oficina.

Uno de los abogados fue a contarle al jefe sobre esto. Verónica se enteró y le comentó a su amiga sobre eso. Ese mismo día, la mujer se llevó el libro a su casa. El jefe, al día siguiente, comenzó a esculcarle el espacio de trabajo. Nunca lo encontró, y ella no volvió a llevarlo. Después de haber presenciado este sucedido, Vero se esconde debajo de la blusa su pentáculo para no entrar en discusiones con su jefe. “Créeme que lo que ese señor piense de mí me vale una y dos más. Simplemente, ¿para qué me genero un mal ambiente? Este señor nunca va a estar preparado para aceptar algo que no sean sus propias creencias”. 

Cuando sale a la calle, ella vuelve a portar su collar por fuera. Sin problema alguno. Bueno, eso no es del todo cierto. Sí hubo una vez en la que tuvo una discusión con un señor en el metro de la Ciudad de México. Ella iba como si nada cuando un hombre se acercó a ella: 

“Sí sabes lo que significa lo que traes colgado en el cuello, ¿verdad?” le dijo el extraño. 

“Sí, es un pentáculo. ¿Por?” contestó Vero valientemente. 

 “¿Pero sí sabes lo que significa? ¿Si sabes que puedes asumir el riesgo de condenarte eternamente?”

“Sí, muchas gracias. Agradezco tu preocupación”, el hombre se le quedó viendo, aterrado. 

“¿Pero sí sabes lo que representa verdad?” insistió. 

“Sí, muchas gracias. Sí sé lo que representa” concluyó ella. Scott Cunningham describe al pentáculo como “un objeto ritual con el trazo, pintura o muesca de una estrella de cinco puntas (pentagrama) inscrita en un círculo”. Vero me explicó que 4 picos son para representar los elementos: agua, tierra, aire y fuego. El pico de arriba simboliza el espíritu. En conjunto, simbolizan la conexión de uno mismo con todo lo que rodea en la tierra. Sin embargo, este símbolo al revés (el pico de la estrella viendo hacia abajo) es un símbolo del satanismo. El extraño que se acercó a interrogarla confundió su significado por completo.

Poca diversidad religiosa

Después de varias charlas, encuentro cierta incongruencia en lo que me dice. De manera muy rotunda me dice que no le avergüenza ser wiccan. Estoy muy segura de ello por cómo platica conmigo sobre el tema. Es sólo que cuando me cuenta historias como la de su jefe o me confiesa que muy poca gente sabe que cree en Wicca, me hace preguntarme qué es lo que siente realmente. Me armé de valor y le pregunté si lo que le asustaba era ser discriminada por sus diferencias espirituales. 

“Sí, claro. Hay mucha gente como este señor (el del metro) que me puede hacer daño” me contestó rotundamente. Reflexionó y continuó: “Ahorita estoy entrando a una época complicada, Mariana. Tengo un hijo que está en la edad de hacer la primera comunión. Mi hijo no va a hacer la primera comunión. De mi parte no le voy a enseñar que le tenga temor a dios ni al pecado. Yo no le voy a enseñar cosas tan horribles”. Por un lado tiene muy claro que no va a ceder ante la presión de meterlo a catecismo, por otro sabe el no celebrar la primera comunión de Fernandito va a generar preguntas. Es un dilema porque cómo le explicas a un niño algo tan complejo como lo es la religión. No sólo eso, cómo enseñarle las prácticas y rituales Wicca a un niño que lo más probable es que vaya a contarle a sus compañeros de clase. No que sea algo malo que lo cuente, es sólo que las madres de estos amigos van a generar un rechazo hacia Vero y su familia. 

Según el INEGI, el 89.3% de la población mexicana es católica; 8% es protestante y evangélica; 2.5% profesa una religión bíblica diferente a evangélicas; el 0.2% es categorizado como “otras religiones”. A pesar de ser un país constitucionalmente laico, los mexicanos tienen costumbres, tradiciones y pensamientos católicos. No existe una diversidad religiosa en este país. Para Vero esta información no es nada ajena. Ella vive de primera mano este rechazo a lo no católico. 

Hay veces en las que nadar contra corriente no sirve de nada. Pelear con la gente por una cuestión de creencias no va con ella. Ella vive su fe a su manera. Espera el día en el que Fernandito tenga edad suficiente para entender qué es Wicca y pueda tomar una decisión sin imposiciones ni presión por parte de nadie. Vero espera con ansias ese día para que “la vela de primero de mes” no sea sólo eso. Espera poder compartir su sabiduría con su hijo y practicar sus rituales sin temor al rechazo. 

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