Economía Tecnología

El negocio del periodismo debe renovarse (primera parte)

Prensa del NYT
Foto: The New York Times

Primera parte de un texto que busca explicar las condiciones del modelo de negocio en el periodismo actual. La segunda parte se puede encontrar aquí.

La supervivencia de los medios de comunicación ha estado en riesgo durante las últimas dos décadas. En Estados Unidos, entre los años 2008 y 2019, el número de empleados en periódicos disminuyó en 51%, de acuerdo con un reporte del Pew Research Center. 

En México, aunque pocas empresas hacen públicos sus recortes, se sabe que Grupo Radio Centro –la única empresa de radio que cotiza en la BMV– despidió a 400 personas a inicios de 2019. Ese mismo año, fracasaron los esfuerzos de introducir al mercado nacional las marcas informativas de Buzzfeed y HuffPost.

Después, llegó la pandemia a llover sobre mojado. Aunque ha sido una lección positiva sobre la precisión en el periodismo científico y la verificación de datos, también vino a confirmar que el modelo de negocio apenas se mantiene a flote. La crisis económica está obligando al gremio a replantearse la forma en que consigue el sustento y navega los algoritmos digitales junto a unas audiencias cada vez más atomizadas. Esto se suma al reto que supone mantener las líneas editoriales lo más alejadas del poder económico y político, que va de la mano con la independencia financiera.

Adiós al monopolio de la atención

El modelo de negocio por excelencia para prensa escrita, radio o televisión ha girado en torno a la publicidad. El periodista peruano Diego Salazar asegura que esto le permitía al periódico ser una herramienta informativa más allá de los contenidos periodísticos. Los anuncios personales, la venta de bienes, las esquelas, horarios de cine o teatro, todo formaba parte de una sola publicación que resultaba útil para los miembros de una comunidad. De algún modo, la prensa conservaba un monopolio sobre la atención de las audiencias, misma que perdió con la llegada de Internet, cuando la publicidad se vuelca sobre un espacio mucho más eficiente, con la posibilidad de dirigir sus mensajes con mayor precisión.

Diego es autor del libro No hemos entendido nada, de 2018, que a través de varias historias ejemplifica el impacto de las redes sociales digitales en las redacciones.

Los medios informativos, de acuerdo con el escritor, no entendieron dos cosas: acostumbraron al público a recibir información gratuita y cayeron en la promesa de la audiencia infinita. Cuando se introduce un producto gratuito al mercado, es difícil revertirlo y perjudica la noción que se tiene sobre el valor del periodismo; luego, se creyó que si Internet incrementaba exponencialmente la cantidad de potenciales lectores, lo mismo pasaría con la venta de espacios publicitarios. Esto nunca ocurrió.

De acuerdo con un estudio a cargo de Agnieszka Guttmann, investigadora en mercadotecnia, la publicidad en los periódicos impresos ha disminuido desde 2007. En aquel año, la inversión global en ese rubro ascendió a los 109 mil millones de dólares. 

Según las tendencias, se espera que para 2022 ésta sea de apenas 31.4 mil millones. Mientras tanto, Google cerró el año pasado con 10 demandas de fiscales estatales en Estados Unidos por prácticas monopólicas en la publicidad digital, país donde se estima que sostiene casi un tercio del mercado, competido principalmente contra otro titán, Facebook. 

“Con la aparición de Google Ads y luego Facebook, aquellos anunciantes que lo deseen pueden también anunciar sus productos en Internet sin tener que pasar por los medios”, explica Diego. 

Ahora, la decisión de las empresas sobre dónde anunciarse en espacios digitales se reduce a dos vías principales. Una investigación del Pew Research Center reveló que, en 2019, 53% de las ganancias por publicidad digital fueron para Facebook o Google, y 12% adicional fue para otras compañías tecnológicas. Dentro del 35% restante compiten los medios de información, de ahí la necesidad de romper el paradigma publicitario y renovar los modelos de negocio del periodismo.

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