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México, un país amigo de la muerte

¿Cómo definir la visión de la muerte en México?

La respuesta podría estar en las celebraciones de “Día de Muertos”, en las calaveritas de azúcar, flores de cempasúchil, ofrendas, veladoras, papel picado, pan de muerto, ferias o desfiles.

Pero si observamos con detenimiento, nos podemos percatar de que, en realidad, todo va mucho más allá de lo que celebramos cada año el 1 y 2 de noviembre.

La muerte a través del tiempo

Antes de que el catolicismo cambiara el curso de la historia, la muerte en México se percibía de manera distinta; para los pueblos indígenas era algo cotidiano, porque estaba presente en sus mitos, en sus rituales, en sus ofrendas y en sus dioses.

Con la llegada de los españoles esto cambió. Los sacrificios humanos, los sepulcros en las casas, las ofrendas  y templos de culto, fueron sustituidos por panteones, iglesias, santos, vírgenes y un solo Dios.

Sin embargo, cuando decimos que los españoles llegaron a cambiarlo todo, no estamos viendo la fotografía completa. Y es que, en realidad, la Iglesia no transformó del todo las creencias de los indígenas.

La cercanía que los pueblos prehispánicos tenían con la muerte, y que parecía haber desaparecido por completo durante La Conquista, más tarde resurgió en un México distinguido por sus altos índices de violencia, criminalidad y desigualdad.

La ola de violencia, resultado de crisis económicas y de la guerra entre los cárteles del narcotráfico, facilitó la conformación de grupos seguidores de la muerte, quienes la han adoptado como deidad.

La voz de un experto

Guillermo Alfaro Telpalo, antropólogo reconocido y docente en la Universidad Iberoamericana, nos ayuda a descifrar por qué “estar cerca de la muerte”, al menos en nuestro país, funciona como una forma de reconciliación con ella.

“Desde el México prehispánico en la mayoría de los pueblos, se acostumbraba sepultar a los fallecidos en el mismo solar doméstico, en el mismo espacio de la casa. La relación con la muerte era algo cotidiano, estaba presente todo el tiempo.” Mencionó.

En otras culturas siempre hay una separación entre los fallecidos, pero en la nuestra no la hay, nunca la hubo. Por eso el surgimiento de creencias alternativas al catolicismo como “El Culto a La Santa Muerte”, no es raro, al contrario, tiene todo el sentido del mundo”, concluyó.

El hecho de que los grupos más vulnerables en nuestro país -como las personas abandonadas, los niños de la calle, los delincuentes eternamente perseguidos por la policía o los presos-  mantengan una relación cercana con la muerte y se identifiquen como sus seguidores, pone en evidencia que además de ser  inspiración para nuestras ofrendas y para “Coco” de Pixar, la muerte juega un papel clave en la identidad de los mexicanos y la sociedad contemporánea.

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